El único fruto del amor es la manzana de Maca Ferreira
¡Buenas tardes!
La entrada del blog de hoy está dedicada a la reseña de una novela que leí en colaboración con la autora, a quien agradezco enormemente el envío del ejemplar en digital. Además, es una autora cuya pluma no conocía, así que me hace especial ilusión poder compartir mi experiencia con vosotros.
No voy a entretenerme mucho más en esta parte introductoria de la entrada, y por eso prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión acerca de El único fruto del amor es la manzana de Maca Ferreira:
La entrada del blog de hoy está dedicada a la reseña de una novela que leí en colaboración con la autora, a quien agradezco enormemente el envío del ejemplar en digital. Además, es una autora cuya pluma no conocía, así que me hace especial ilusión poder compartir mi experiencia con vosotros.
No voy a entretenerme mucho más en esta parte introductoria de la entrada, y por eso prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión acerca de El único fruto del amor es la manzana de Maca Ferreira:
SINOPSIS
Dicen que el primer amor nunca se olvida.
¡Qué natural fue descubrirlo a tu lado! Garabatear nuestras iniciales suspirando y sonriendo. Desatender en clase deseando un nuevo roce con tus manos. Qué bonito mirarte con esos ojos inocentes, sentirte con mis labios ignorantes calmando nuestra sed adolescente. Crecer. Reír. Equivocarnos...
Dicen que el primer amor nunca se olvida.
Sé que tienen razón, así como tampoco se borran el miedo y las inseguridades que empañan los recuerdos de algo tan puro y especial. Relegarte al olvido e intentar acallar los errores del pasado en otros labios que no eran los tuyos, que no despertaban a los míos. Reír a medias. Vivir a medias. Volver a equivocarme...
Hasta que te volví a ver.
Dicen que el primer amor nunca se olvida, y también que el único fruto del amor... es la manzana.
OPINIÓN
Antes de empezar con la reseña propiamente dicha, he de hacer un par de comentarios al respecto de la portada y el título.
Con respecto a la primera, tengo que decir que me parece absolutamente preciosa, de esas que atrae la atención del futuro lector al primer vistazo. Tanto, que, personalmente, como coleccionista de marcapáginas bonitos que soy, no me importaría añadirlo a mi lista personal.
Y con respecto al título, es imposible pronunciar el título sin que se tararee una canción que empieza de manera idéntica. Solo cambia la fruta del final y en lugar de ser una manzana es una banana. Curiosamente, ambas son mis frutas preferidas.
Eso sí, considero muy acertado este cambio por la manzana porque es la que se identifica históricamente con la tentación - aunque sea fruto de una mala traducción bíblica - y, casi sin darnos cuenta, la autora nos está dando información de manera oculta.
En esta historia conoceremos la historia de Alicia. Y, si bien Adriel tiene su cuota de importancia en su vida, no es tan importante como la de ella ni considero que su desarrollo personal sea tan espectacular como la de ella.
Es una novela que hace un alegato al primer amor y cómo este causa un impacto tan grande en nuestras vidas hasta el punto de servir de vara de medir y cómo nos relacionamos para con los demás en lo que a futuras relaciones se refiere.
Y no solo en la persona de Alicia, que también, sino también en la de su hermana. Ella vive un primer amor veraniego, breve, pero intenso y su hermana es el mejor ejemplo de que hay primeros amores que son los definitivos y pueden durar toda la vida. Si bien hoy día este tipo de historias son cada vez más escasas. Asimismo, termina de cerrar el círculo en homenaje a lo tradicional con una familia bastante numerosa porque, de nuevo, las familias numerosas brillan por su ausencia.
También hace un alegato a favor del modo de vida en los pueblos y las pequeñas comunidades... para bien o para mal. Para bien porque el apoyo de grupo y la atención es más personalizada, pero también para mal, porque las críticas y las rencillas son más directas, las rivalidades pueden llegar a heredarse así como la libertad de actuar o de expresarse es mucho menor. De ahí que se entienda por qué determinados personajes deciden marcharse o no son del todo ellos mismos una vez vuelven a su lugar de origen.
Me ha parecido muy interesante el alegato que hace a favor de la madurez, la cual no va asociado a una edad, sino a una personalidad. Por eso, aunque es una mujer hecha y derecha, al vivir del modo en que lo hace, parece una adolescente, sobre todo en lo que a la consideración para con ella mismo se refiere. Un tema en el que parece haberse quedado estancada. Aunque, eso también demuestra el profundo arraigo que siente por su familia, a la que ama incondicionalmente.
Del mismo modo, también me ha gustado mucho, no solo que tenga un cuerpo no normativo - es gordita - sino que sea una mujer emprendedora, puesto que pone de relieve lo difícil que es la vida de un autónomo. Tenga una profesión más asociada a la imagen clásica del emprendedor como un comercial, o una más moderna como es la de tener un canal de cocina online, como es su caso.
El inicio de su historia de amor - si bien inicia a los doce años - me parece muy original. Y muy sano, gracias a este intercambio de frutas. Muy inteligente porque ya desde el inicio le está diciendo que para él representa una auténtica tentación.
Nos recuerda también que las apariencias engañan. Y que, en ocasiones, la aparente fortaleza de una persona, no es más que una fachada y que, en realidad, es mucho más sensible e insegura de lo que podría parecer. Con ello, relaciono estas características con lo arduo y duro que es el amor propio. Fundamental para aprender a querer bien a los demás... amén del caballo de batalla principal de Alicia.
Asimismo, nos recuerda cuán importante es la salud mental, a la que no prestamos toda la atención que deberíamos y que también, hunde las raíces en las personas en las convertimos en nuestra madurez. Y así también, hace hincapié en lo fundamental que es la comunicación, no solo dentro de una pareja, sino en cualquier relación. Porque es la causa, fuente de problemas y malentendidos en la inmensa mayoría de los casos en los que hay discusiones.
Relacionado con esto, no debemos dejar que el miedo y nuestros traumas controlen nuestras vidas y sí que conviene recordar que cada persona es un mundo. Por eso, asociar este problema o situación para nosotros traumática y presumir que todas las personas van a comportarse y reaccionar de la misma manera es un error. Y de nuevo, la comunicación y la salud mental son fundamentales.
Me ha gustado mucho también que recuerde que hay que saber diferenciar entre un amor romántico y un cariño, pues son dos tipos de amor diferentes y, a la larga, nosotros mismos, nos damos cuenta de que, uno y otro no duelen de la misma manera. Por eso, uno puede provocar únicamente decepción mientras que el amor cuando duele - que no debería doler, porque no es sano - puede romperte por dentro. De ahí que Adriel se sienta ofendido, pero en el fondo no le duela todo lo que le pase.
Por último, aunque no menos importante, otro aspecto positivo de la novela es que, si bien es fantástico demostrar el amor hacia otra persona con hechos y gestos - aquí hay unos cuantos - no está de más recordarlos con palabras, evitando así, de nuevo, malentendidos y discusiones.
Aunque, si eso no hubiera estado presente, no hubiéramos disfrutado tanto de lo dramática que es Alicia ni cómo Adriel regresa a sus orígenes, se reencuentra consigo mismo para reconciliarse y pedirse perdón y sobre todo, es feliz.
A propósito de esto, aprovecho esta última línea del post para pedir públicamente que quiero que Leo y Leire tengan su propia historia. He dicho.
Por lo demás, he disfrutado mucho de esta novela, la cual me he leído en un par de días.
¡Muchas gracias por querer colaborar conmigo!
¡Nos leemos pronto!
Dicen que el primer amor nunca se olvida.
¡Qué natural fue descubrirlo a tu lado! Garabatear nuestras iniciales suspirando y sonriendo. Desatender en clase deseando un nuevo roce con tus manos. Qué bonito mirarte con esos ojos inocentes, sentirte con mis labios ignorantes calmando nuestra sed adolescente. Crecer. Reír. Equivocarnos...
Dicen que el primer amor nunca se olvida.
Sé que tienen razón, así como tampoco se borran el miedo y las inseguridades que empañan los recuerdos de algo tan puro y especial. Relegarte al olvido e intentar acallar los errores del pasado en otros labios que no eran los tuyos, que no despertaban a los míos. Reír a medias. Vivir a medias. Volver a equivocarme...
Hasta que te volví a ver.
Dicen que el primer amor nunca se olvida, y también que el único fruto del amor... es la manzana.
OPINIÓN
Antes de empezar con la reseña propiamente dicha, he de hacer un par de comentarios al respecto de la portada y el título.
Con respecto a la primera, tengo que decir que me parece absolutamente preciosa, de esas que atrae la atención del futuro lector al primer vistazo. Tanto, que, personalmente, como coleccionista de marcapáginas bonitos que soy, no me importaría añadirlo a mi lista personal.
Y con respecto al título, es imposible pronunciar el título sin que se tararee una canción que empieza de manera idéntica. Solo cambia la fruta del final y en lugar de ser una manzana es una banana. Curiosamente, ambas son mis frutas preferidas.
Eso sí, considero muy acertado este cambio por la manzana porque es la que se identifica históricamente con la tentación - aunque sea fruto de una mala traducción bíblica - y, casi sin darnos cuenta, la autora nos está dando información de manera oculta.
En esta historia conoceremos la historia de Alicia. Y, si bien Adriel tiene su cuota de importancia en su vida, no es tan importante como la de ella ni considero que su desarrollo personal sea tan espectacular como la de ella.
Es una novela que hace un alegato al primer amor y cómo este causa un impacto tan grande en nuestras vidas hasta el punto de servir de vara de medir y cómo nos relacionamos para con los demás en lo que a futuras relaciones se refiere.
Y no solo en la persona de Alicia, que también, sino también en la de su hermana. Ella vive un primer amor veraniego, breve, pero intenso y su hermana es el mejor ejemplo de que hay primeros amores que son los definitivos y pueden durar toda la vida. Si bien hoy día este tipo de historias son cada vez más escasas. Asimismo, termina de cerrar el círculo en homenaje a lo tradicional con una familia bastante numerosa porque, de nuevo, las familias numerosas brillan por su ausencia.
También hace un alegato a favor del modo de vida en los pueblos y las pequeñas comunidades... para bien o para mal. Para bien porque el apoyo de grupo y la atención es más personalizada, pero también para mal, porque las críticas y las rencillas son más directas, las rivalidades pueden llegar a heredarse así como la libertad de actuar o de expresarse es mucho menor. De ahí que se entienda por qué determinados personajes deciden marcharse o no son del todo ellos mismos una vez vuelven a su lugar de origen.
Me ha parecido muy interesante el alegato que hace a favor de la madurez, la cual no va asociado a una edad, sino a una personalidad. Por eso, aunque es una mujer hecha y derecha, al vivir del modo en que lo hace, parece una adolescente, sobre todo en lo que a la consideración para con ella mismo se refiere. Un tema en el que parece haberse quedado estancada. Aunque, eso también demuestra el profundo arraigo que siente por su familia, a la que ama incondicionalmente.
Del mismo modo, también me ha gustado mucho, no solo que tenga un cuerpo no normativo - es gordita - sino que sea una mujer emprendedora, puesto que pone de relieve lo difícil que es la vida de un autónomo. Tenga una profesión más asociada a la imagen clásica del emprendedor como un comercial, o una más moderna como es la de tener un canal de cocina online, como es su caso.
El inicio de su historia de amor - si bien inicia a los doce años - me parece muy original. Y muy sano, gracias a este intercambio de frutas. Muy inteligente porque ya desde el inicio le está diciendo que para él representa una auténtica tentación.
Nos recuerda también que las apariencias engañan. Y que, en ocasiones, la aparente fortaleza de una persona, no es más que una fachada y que, en realidad, es mucho más sensible e insegura de lo que podría parecer. Con ello, relaciono estas características con lo arduo y duro que es el amor propio. Fundamental para aprender a querer bien a los demás... amén del caballo de batalla principal de Alicia.
Asimismo, nos recuerda cuán importante es la salud mental, a la que no prestamos toda la atención que deberíamos y que también, hunde las raíces en las personas en las convertimos en nuestra madurez. Y así también, hace hincapié en lo fundamental que es la comunicación, no solo dentro de una pareja, sino en cualquier relación. Porque es la causa, fuente de problemas y malentendidos en la inmensa mayoría de los casos en los que hay discusiones.
Relacionado con esto, no debemos dejar que el miedo y nuestros traumas controlen nuestras vidas y sí que conviene recordar que cada persona es un mundo. Por eso, asociar este problema o situación para nosotros traumática y presumir que todas las personas van a comportarse y reaccionar de la misma manera es un error. Y de nuevo, la comunicación y la salud mental son fundamentales.
Me ha gustado mucho también que recuerde que hay que saber diferenciar entre un amor romántico y un cariño, pues son dos tipos de amor diferentes y, a la larga, nosotros mismos, nos damos cuenta de que, uno y otro no duelen de la misma manera. Por eso, uno puede provocar únicamente decepción mientras que el amor cuando duele - que no debería doler, porque no es sano - puede romperte por dentro. De ahí que Adriel se sienta ofendido, pero en el fondo no le duela todo lo que le pase.
Por último, aunque no menos importante, otro aspecto positivo de la novela es que, si bien es fantástico demostrar el amor hacia otra persona con hechos y gestos - aquí hay unos cuantos - no está de más recordarlos con palabras, evitando así, de nuevo, malentendidos y discusiones.
Aunque, si eso no hubiera estado presente, no hubiéramos disfrutado tanto de lo dramática que es Alicia ni cómo Adriel regresa a sus orígenes, se reencuentra consigo mismo para reconciliarse y pedirse perdón y sobre todo, es feliz.
A propósito de esto, aprovecho esta última línea del post para pedir públicamente que quiero que Leo y Leire tengan su propia historia. He dicho.
Por lo demás, he disfrutado mucho de esta novela, la cual me he leído en un par de días.
¡Muchas gracias por querer colaborar conmigo!
¡Nos leemos pronto!
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