Surfeando olas de chocolate de Esther Alcudía

¡Buenas tardes!

La entrada del blog de hoy está dedicada a la reseña de otro de los libros viajeros con los que me junté 
en casa antes de Semana Santa. Y, siento deciros que la situación va a repetirse en breves, para que no os pille de sorpresa.

Sin embargo, voy a centrarnos en el que nos ocupa hoy, el cual no es una sorpresa ya que conozco la pluma de la autora, precisamente de otro libro viajero anterior. Es más, ese fue el motivo que me llevó a apuntarme a este.

Por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de la entrada y os dejo con la sinopsis y mi opinión de Surfeando olas de chocolate de Esther Alcudía:

SINOPSIS

Olivia vive en Tarifa. Allí practica su gran pasión; el surf. Tras su ruptura amorosa, y con la idea de huir de sus problemas, acepta una oferta de trabajo fuera de España.
Dylan, es un joven chocolatero, amante del jazz, que oculta un secreto de su pasado. Cuando conoce a Olivia, su nueva vecina, todo su mundo se pondrá patas arriba.
Unas divertidas notas debajo de la puerta acabarán siendo la manera en la que ambos se comunican.
Pronto la amistad entre los dos, se convertirá en algo más.
¿Serán capaces de romper los muros que los separan?

Una divertida historia de amor, amistad, y superación, donde las segundas oportunidades dependen a veces solo de nosotros mismos.


OPINIÓN

En esta historia romántica conoceremos a Olivia y Dylan, quienes representan a la perfección a buena parte de los jóvenes de nuestra sociedad contemporánea. Y no, no por el estado laboral o económico más o menos precario - que también - sino por el modo en que han sufrido por amor y cómo esa desilusión y mala experiencia con dicho sentimientos les ha obligado a crearse una coraza con la que proteger su corazón, que no su cuerpo.

Además, las profesiones que tienen al inicio de la misma sirven como una detallada presentación del modo en que conciben la vida: mientras que Olivia, con su profesora de monitora de surf y su continuo contacto con el mar ya está dando indicios de que tiene una personalidad más o menos libre y aperturista al respecto de determinados temas, Dylan, en cambio, al ser maestro chocolatero, revela una gran capacidad de concentración, detallismo, paciencia y originalidad.

A priori, sus personalidades opuestas, no les llevarían a relacionarse. Sin embargo, esta novela demuestra también que la vida da muchas vueltas y que el amor llega cuando menos se le espera y en las circunstancias más inesperadas. Como así demuestra Esther ya que, tras un fracaso sentimental que lleva a la protagonista a cambiar de trabajo e incluso país, conoce a un vecino muy especial ni más ni menos que en Bélgica. Y más concretamente en Brujas.

Tengo que decir que es un detalle que me ha gustado mucho porque, durante un tiempo yo viví en dicho país, y, si bien solo estuve varias veces de visita en Brujas y la costa - sobre todo Ostende - para mí ha sido como regresar a dicho país, amén de que me he sentido muy identificada en las genuinas reacciones de la protagonista al respecto de determinadas costumbres, comidas e incluso, a la hora de encontrar una vivienda - en mi caso, habitación - medianamente decente. Tremenda odisea.

Como he mencionado anteriormente, esta es una novela en la que la sociedad contemporánea aparece reflejada de forma muy bien a la hora de ver y considerar el amor. De hecho, lo trata desde muchos puntos de vista diferentes que desgranaré más adelante.

Sin embargo, creo conveniente dedicar un espacio aparte a otro de los temas importantes incluidos en este libre como es el del deseo o no de querer ser madre. Porque una mujer no es menos mujer que otra porque decida no convertirse en mamá. De ahí que hay respetar ambos puntos de vista y aprender a practicar la empatía de un modo mucho más eficiente.

Y relacionado con esto en parte, me ha gustado que recuerde que las personas evolucionamos y podemos cambiar de opinión al respecto de un tema. Pero hemos de ser nosotros mismos quienes lo hagamos sin ninguna "ayudita" externa porque, quien pretenda hacerte cambiar y adecuarte a otras conveniencias personales que no son las tuyas, en realidad lo que demuestra es que no te quiere bien.

Advierte también lo erróneo del comportamiento que es la idealización de una persona a la que conocimos tiempo atrás porque, de nuevo, estaremos errando. Las personas evolucionan y cambian - no siempre para mejor, incluso - y sobre todo, las circunstancias para que dicho cambio se produzca, influyen muy y mucho en nuestra personalidad.

Esto se convierte en un peligro, sobre todo a la hora de nuestras primeras historias de amor porque nunca se olvida y, dado que sirve de vara de medir y patrón que establece cómo serán las siguientes historias románticas importantes, no es de extrañar el deseo de repetir esa primera historia idílica tiempo después. Eso por no hablar de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Como muy bien representa Dylan.

Junto a ello, describe de manera muy real el miedo general que existe ante la mera idea de la comunicación. En cualquiera de los ámbitos de nuestras vidas y no solo a la hora de hablar de nuestros sentimientos, si bien es cierto que es ahí donde mejor aparece reflejado.

La respuesta en todos los casos es la misma: el miedo. O la falsa identificación entre comunicación, exposición y debilidad, cuando es justo al contrario. De ahí que, en numerosas ocasiones me he enfadado con ambos protagonistas porque era evidente que el uno tenía sentimientos por el otro, pero preferían no ir un paso más allá y mantenerse en su zona de confort.

Eso explica un patrón de comportamiento cómodo que muchos de nosotros aplicamos a nuestras vidas ya que, consideramos el sexo como una parte muy natural de nuestras vidas que no supone ningún tipo de complicación o quebradero de cabeza. Y por eso, a pesar de que ambas partes sienten algo más que atracción por su compañero, no dan ese paso adelante... causando daño a su paso. 
Ojo, con esto no quiero decir que esté en contra de las relaciones sexuales, al contrario. Considero y pienso que el sexo es una parte fundamental de nuestras relaciones, pero no es la única. De ahí que haya que establecer desde el principio el tipo de relación e interrelación que se desea establecer con la otra persona antes de causar más daño. 

Como bien dice el saber popular - y que en este caso está muy bien traído - las cosas claras y el chocolate espeso.  

Incluso he de confesar que me han resultado cansinos, si bien de nuevo, es otro de los rasgos de la veracidad de dichos personajes y de nuestra sociedad. En muchos casos comidita de miedos por situaciones que aún no se han planteado y por un futuro que no podemos hacer otra cosa que imaginar o prever sin ninguna certeza que lo confirme. Olvidando así nuestros presentes.

De ahí que el mensaje de aprovechar y vivir el presente que lanza a la inversa me parece muy acertado. Sobre todo porque quien no arriesga no gana. De manera más sutil con el desarrollo del arco argumental de ambos protagonistas, pero también con la inclusión de la subtrama de Marta y Alexis, recordando al mismo tiempo que, a la hora de hablar, tratar y vivir sentimientos, no se pueden establecer tiempos unificados porque las comparaciones son odiosas y cada persona es un mundo. Amén de que una buena práctica de la empatía se demuestra con el respeto y el apoyo en que cada uno viva la vida a su manera sin intromisiones de por medio por parte de los demás y sin que haga daño al resto de personas que les rodean.

Fundamental también la inclusión del tema del amor propio y el respeto hacia uno mismo como punto de base y partida para embarcarte en una relación sana junto a otra persona, ya que, si no te quieres y respetas, no solo vas a aceptar comportamientos equivocados como acertados, perpetuando algunas de las lacras de nuestra sociedad como el maltrato o el mal concepto del amor, que también. Sino que tú continuarás repitiéndolos para con los demás, minando tu autoestima en dicho proceso.

Las personas no somos perfectas y todas tenemos derechos a equivocarnos, de ahí lo fundamental de las segundas oportunidades vitales. Pero el perdón ha de comenzar por nosotros mismos. De ahí que me hubiera gustado que la historia de Paul estuviera más desarrollada, al menos en lo que al impacto que lo sucedido tuvo en Dylan, ya que considero que como arma de concienciación hubiera sido bastante potente y sin embargo, se le pasa casi por encima.

Del mismo modo que, el final, visto el recorrido de la historia de ambos, debería haber sido narrado con más detenimiento.

Salvando estos dos aspectos, en líneas generales me ha gustado y he visto una evolución con respecto a su novela precedente.

No quiero no terminar este post sin recordar que el amor a veces llega como una ola que arrasa con todo lo que tenemos en nuestras vidas, sí, pero que después se estabiliza y, aunque sea tumultuoso, hay que saber surfear las ondas de la vida. Junto a la persona adecuada.

El libro ya ha salido hacia la siguiente parada.

¡Muchas gracias por dejarme formar parte de este viaje!

¡Nos leemos pronto!

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