La tormenta en un verano infinito de Raquel Attard

¡Buenas tardes!

La entrada del blog de hoy está dedicada a una novela que leí en colaboración con la editorial, a quien 
agradezco enormemente la confianza en mí y que hayan colaborado conmigo. Una vez más.

No sé a vosotros, pero para mí significa que gusta el modo en que opino y, como a mí me gusta decir, mis libro análisis de andar por casa.

Hoy se ve una opinión intensa y pormenorizada, así que no me voy a entretener mucho más en esta parte introductoria de la publicación y por eso, prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de La tormenta en un verano infinito de Raquel Attard:

SINOPSIS

Aston es atractivo, enigmático y (casi) perfecto. Solo existe una chica que puede poner todo su mundo patas arriba. Solo una. Y ha vuelto.

Las vidas de Aston y Madison cambiaron irremediablemente cuando tuvieron que separarse, cinco años atrás. Durante ese tiempo, cada uno ha tenido que enfrentarse a sus propios demonios, intentar curar sus heridas y aprender a sobrevivir sin el otro.

Ella aún se acuerda de él, aunque es la culpable de que perdieran el contacto. Él aún le guarda rencor, aunque no ha dejado de echarla de menos ni un solo segundo.

Cuando Madison vuelve a Santa Mónica para cursar el último año de instituto y se encuentra con un Aston tan irresistible como borde, entre ellos saltan chispas capaces de desencadenar una tormenta.

Se quieren tanto como se odian. Y, en medio de todo ese caos, ambos guardan muchos secretos que no piensan revelar. ¿Qué ocurrirá cuando la verdad salga a la luz?


OPINIÓN


De normal, ya sabéis que no me atrevo a pedir libros en colaboración, tan así a cara perro. Sin embargo, con esta hice una excepción. Había algo en su portada que no sabría decir... que llamó la atención y que se confirmó con la portada. Una portada que además es preciosa, pero de la que volveré más tarde para otro comentario.

Junto a ello, conozco la pluma de la autora de otras novelas leídas con anterioridad y que me encantaron. Mención a subrayar porque tocan y tratan el tema mafia, del cual sabéis que no soy yo especialmente fan. Así que ya os podéis hacer una idea. Y por último, la propia editorial tuvo que ver porque, por supuesto, no tengo dudas al respecto de la calidad de los libros que publican. Al menos, en mi caso, de todos los que he leído nunca han fallado y ninguna novela me ha disgustado, así que... eso siempre suma.

Además de que, si bien es cierto que ella no es la primera vez que publica con editorial, sí que yo la considero más bookstagrammer y autopublicada. Y por eso, me alegro tanto cuando un compañero/a da un paso más allá y se coloca del otro lado, ya que así, los tomo como referencia y poco a poco, el síndrome del impostor me va dejando más libertad de actuación.

Vuelvo al tema de la portada porque, si bien es preciosa y colorida... se ha de tener en cuenta un pequeño detalle. No todos los colores son especialmente brillantes y luminosos, los cuales los asociarían directamente con la estación del año que representa. Sino que también tiene tonalidades oscuras.

¿Porque aparece representado el atardecer? Sí, es una explicación,

Pero también creo que se debe porque la autora representa muy bien, no solo que las personas somos luces y sombras, advirtiendo así de que todos tenemos nuestros propios demonios y que las apariencias, a veces engañan. Además, es otro recurso literario muy inteligente porque, perfectamente visible y desde antes incluso de abrir las páginas de esta historia, vamos a descubrir que hay temas muchos más oscuros y serios de los que, a priori, pudiéramos pensar para una novela juvenil. Convirtiéndola de esa manera en una portada inteligente de esas que tanto me gustan a mí.

Narrada por ambos puntos de vista, en esta historia conoceremos a Aston y Madison, dos antiguos amigos que, tras una separación y ruptura total por una de las partes, han terminado por transformarse en enemigos.

Con esta premisa, la autora plantea varios temas interesantes:

El primero es que, del mismo modo que tenemos bastante claro que las circunstancias en las que hemos sido criados tienen un profundo impacto en el desarrollo de nuestra personalidad, por increíble que parezca, el lugar donde nacemos y crecemos, también lo hace. En ese sentido, conviene englobar al lugar en sí como tal y a las personas que viven en él, ya que son ellas las que ayudan a conformar la idea de hogar.

Y en dicha idea de hogar, más en edades tempranas, aunque sobre todo entrando en la adolescencia, los amigos tienen un peso fundamental. De ahí que me haya encantado el buen rollo de este pequeño grupito de amigos desde el principio. En el que se demuestra que la diferencia enriquece y no separa.

Pero, esta situación inicial sirve de premisa también para plantearnos una duda que, es más frecuente de lo que podría parecer. Es innegable que siente hay un amigo con el que la relación es más especial y estrecha y, en la mayoría de los casos, suelen ser algunos de los amigos nuestros primeros amores. Platónicos o no. ¿Qué pasa cuando el que sabes que va a ser el amor de tu vida aparece demasiado pronto en ella?

De ahí que, por tanto, la comunicación sea muy importante. Amén de un tema sobre el que se haga énfasis en más de una ocasión. Sin embargo aquí, refleja muy bien el hecho de que nos dé miedo ponerle nombres a las cosas y asumir y aceptar nuestros sentimientos. Lo hace siendo adultos, imaginad en aquellos casos en los que ni se ha dejado de ser un niño pero tampoco se es un adulto al cien por cien. ¿Cuál es la consecuencia en cualquier caso? La misma, malentendidos, problemas y sufrimientos.

Como podéis imaginar, se juega muy bien con la idea del impacto del primer amor en nuestras vidas. Y de cómo este sirve de vara de medir y comparativa para el resto de relaciones importantes que vendrán después. Para bien y para mal. Incluso en aquellos casos en los que no se desarrollan del todo, porque, al no quedar cerrada por completo, la duda y la pregunta de querer saber ¿qué hubiera pasado si...? nos acompañará el resto de nuestras vidas e incluso, podrá ser la que nos guíe a tomar decisiones que, de acertadas, tienen más bien poco.

Y ese primer amor también puede estar relacionado con el tomar como punto de referencia la relación de nuestros padres, ya que solemos idealizarnos en cualquier aspecto de nuestras vidas. Con el peligro que eso conlleva, ya que nos lleva a sentir una ceguera con la que olvidamos que la perfección no existe y que intentar alcanzarla, lo único que nos generará será insatisfacción e infelicidad.

Eso sí, para poder querer bien a los demás, debemos querernos bien a nosotros mismos y sentirnos fuertes porque, si no lo hacemos, podremos convertirnos en la víctima perfecta de pájaros y relaciones bastante tóxicas que, más que querernos, lo que provocan es justo el efecto contrario: destrozar nuestra estabilidad y salud mental, impidiéndonos así ser feliz. Importante y necesario por tanto, la alusión e inclusión a la salud mental, y sobre todo cómo algunos personajes la usan cuando lo han creído necesario.

Porque somos el amor más importantes de nuestras vidas y, aunque sea considerado egoísmo, no lo es. Es bienestar, eso sí. Siempre hay que hablar de lo que nos pasa con los demás. O al menos hacerlo patente de alguna manera, ya que, si no, pasa lo que pasa y entiendo en ese caso perfectamente el modo en que Madison gestiona y reacciona. La soledad es muy triste, mala y sobre todo, mala consejera.

Me ha gustado que haya escrito a muchos personajes valientes. Es más, creo que tanto secundarios como protagonistas en algún momento de la novela pueden asociarse con este adjetivo, lo cual está muy bien. En este sentido, el hecho de que ella vuelva al lugar donde fui feliz lo demuestra. Porque hay que regresar a aquellos lugares y rodearnos de esas personas que provocan y nos causan bien. Amén de que volver a un sitio siempre provocará nuevas situaciones y nuevos recuerdos que atesorar ya que, como personas que somos, siempre estamos evolucionando y además, las circunstancias de cada visita son diferentes.

Lo he dicho antes y lo digo ahora otra vez, es un canto a la amistad. Ari y Liam son muy empáticos e incluso buenos amigos podría decirse ya que, la acogen con los brazos abiertos de nuevo. Y sobre todo, respetan sus tiempos, porque, aunque saben que tienen temas que tratar y solucionar, la realidad es que se dan cuenta de la sombre de Madi y prefieren centrarse en ella. A sabiendas que, el amor y la confianza que le han otorgado tendrá como resultado esa apertura y esa buena comunicación entre ambos. Maravilloso.

Aunque, también debemos tener en cuenta que estos regresos en ocasiones son, otro modo de volver al punto de partida en un viaje de autodescubrimiento y autoaceptación o búsqueda. Un viaje para el cual nunca se es demasiado joven o viejo para emprenderlo. Porque el viaje es duro y, del mismo modo que nosotros hemos cambiado, el tiempo pasa para todos y quienes estaban allí anteriormente también. Así que puede que no tengamos la más cálida de las bienvenidas. Eso sí, hay que perseverar, porque quien algo quiere algo le cuesta y, la felicidad es una recompensa por la cual vale la pena luchar. Con uñas y dientes.

Más en comunidades pequeñas. Porque ese es otro tema bien desarrollado en esta novela. Es cierto que buena parte de la misma se desarrolla en Santa Mónica, que, no es pequeña como ciudad en lo que a tamaño se refiere. Pero... sí que hay mini pequeñas comunidades en las ciudades que se comportan igual que los pueblos... donde el sentimiento de ayuda y pertenencia es mucho más inmediato y palpable, pero también las famas, odios y rumores se expanden con mucha más rapidez y vehemencia que en lugares más grandes. Y, para sorpresa de nadie, suelen ser las mujeres quienes son el blanco de las iras y quienes salen peor paradas.

En este sentido, usa a Ari como canal de denuncia ya que, ella ha tenido muchos rollos y relaciones y por lo tanto, le acompaña esa consideración de chica fácil - que nadie le dice a la cara, por supuesto -. Una consideración que ni siquiera se plantea para otro personaje. ¿Qué es lo que les diferencia? El sexo, puesto que es un nombre. Y este es un aspecto de nuestra mentalidad que debemos cambiar porque, nos empobrece además de que es muy equivocado.

Al contrario, debemos ser libres en lo que al amor se refiere. Siempre. Y no avergonzarnos jamás de a quién amamos y cómo lo hacemos, porque todas las relaciones son importantes en nuestras vidas. Tanto que, incluso algunas no se superan.

Eso sí, una cosa es no tener una cálida bienvenida y otra admitir faltas de respeto, menosprecios o insultos. Ahí, tolerancia cero. Así que ese mensaje en contra del bullying ha sido maravilloso.

Hay también hueco para la familia, con las que no siempre esa relación es tan estrecha como debería ya que, se presupone en muchos casos que, por el mero hecho de compartir un vínculo sanguíneo con otra persona, eso nos da derecho a decir, hacer o tratar como nos da la gana a los demás. Pensamiento muy equivocado. La despreocupación no es amor y sobre todo, el amor no se puede comprar o sustituir por objetos materiales. No es más rico quien más tiene, sino quien más lleno de amor está.

No puedo no mencionar un aspecto positivo de la paternidad de uno de los personajes ya que, ambos, pese a no terminar en las mejores condiciones posibles, sí que ponen a sus hijos como prioridad. Aspecto que todos deberíamos hacer, ya que, eso dice mucho de nosotros como personas y acerca de nuestra madurez mental. Una vez más.

Así como tampoco puedo no hablar del maravilloso homenaje a los abuelos. Ya que suelen ser descartados como parte de la sociedad contemporánea al no ser productivos y se les suele considerar más como un estorbo que como una parte fundamental de nuestra sociedad. Especialmente en lo que a su sabiduría fruto de la edad se refiere. Además de que ¿cuántos abuelos no han ejercidos de padres en la sombra cuando los progenitores no podían? ¡Qué fácil olvidamos todo! Por eso, me ha encantado descubrir que así no es... amén de la pullita necesaria.

Por supuesto, desde el momento en que se enfatiza en la importancia de la comunicación, uno de los mensajes incluidos en la novela y que más se repiten también es el del poder que tienen las palabras. ¿Para emocionarnos y dejarnos el corazón calentito, como ha hecho Raquel en esta novela? Sí.

Pero también para advertirnos de su poder... en sentido negativo, ya que sus daños y efectos pueden ser más silenciosos y duraderos en el tiempo. De ahí que haya siempre que hablar, por doloroso que sea porque, a la larga, al no hacerlo y ocultar el tema de dicha conversación, lo que haremos será provocar un efecto rebote aún más doloroso. Para todos.

En este sentido, toda la subtrama de misterio que rodeaba a los protagonistas y que se interponía entre ellos fue una total sorpresa para mí. Pero que me gustó mucho porque demostraba que, la ausencia de comunicación como pilar básico de una relación, se interpone entre la felicidad de ambos... hasta el punto tal de impedir que funcionen bien como pareja.

Y hablar es sinónimo de comunicar. Retomo aquí por tanto, el tema del poder de las palabras porque, de nuevo, la autora demostró que las apariencias engañan y que las palabras hacen daño, pero emocionan. Como persona que comenzó sus primeros primeros pinitos de escritura con un diario, la referencia, además de muy bien traída, me encantó.

La única pega que le pongo a ese personaje es que me dio un poco de rabia el hecho de que se haya sacrificado tanto por los demás y se haya relegado a sí mismo. Es cierto que se ha reinventado, demostrando así, su resiliencia, pero me hubiera gustado que volviera a dejar entrar de nuevo en su vida a determinadas parte de su antiguo. Creo que saldría muy beneficiado. Tanto él como los demás.

Retomo la comunicación porque, puede hacerse con palabras. Y con hechos. Y ambos no tienen por qué excluyentes. Más bien complementarios. Como las palabras y las imágenes que les acompañan. De ahí que este par protagonista sea tan bonito y tan ideal el uno para el otro. Y tan rico, por supuesto.

Porque no debemos olvidar que podemos ser la tormenta - y un tormento - para otra persona. Pero también, debemos recordar que, después de la tormenta, llega la calma y se queda un día despejado precioso para disfrutar. Así como la vida. De ahí que el futuro se presente esplendoroso y tan precioso como un atardecer en Santa Mónica.

Antes de acabar esta opinión, no puedo no hacer mención a un aspecto del final sorprendente que, si bien siempre estuvo ahí esa sombra de la duda... queda demostrado que no hay más ciego que quien no quiere ver y que el amor aparece dónde, cuándo y con quien menos se le espera. De ahí que debamos siempre tener los ojos y los brazos bien abiertos para recibir su llegada.

Huelga decir que estoy deseando saber más de este par, puesto que presento que me lo voy a pasar muy bien con ellos. Así que, ejem ejem... Raquel. Ejem, ejem... Ediciones Versátil, lo necesito lo antes posible. Y creo que no soy la única que lo pide.

Y ya puestos a pedir, solicito ser una de las persona que lo lean en colaboración con vosotras... si me dais el beneplácito y la confianza una vez más.

A vosotros, mis lectores del blog, no puedo no hacer otra cosa que recomendar la lectura de esta novela.

¡Muchas gracias por querer colaborar conmigo!  

¡Nos leemos pronto!


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