Entre bosques y montañas de Cristina Meraki
¡Buenas tardes!
La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de una novela con la que me estreno en lo que a la pluma de la autora se refiere. No por falta de ganas, ya que, la he visto varias veces por redes y por eso, se me quedó ahí grabada. Sin embargo, como soy de las personas que consideran que, todo tiene un lugar y un momento... ese instante ha llegado aquí y ahora.
Por eso, no me voy a entretener mucho más en esta parte introductoria de la publicación y os dejo con la sinopsis y la opinión de Entre bosques y montañas de Cristina Meraki:
SINOPSIS
Si tuvieras a tu alcance desvelar la gran incógnita de tu vida, ¿te atreverías a hacerlo?
Silvia es una joven de 23 años que acaba de perder a su madre, Marga, una mujer muy espiritual y peculiar que le ha dejado un curioso recado antes de fallecer: visitar cinco rincones del Pirineo en los que asegura que, de alguna manera, podrá reencontrarse con ella. Ella, sin entender completamente las intenciones de su difunta madre, se muda a un pueblo cercano a esos lugares naturales para llevar a cabo su petición, y allí no solo conocerá a personas maravillosas, como Espe, Ixeia o Lorién, sino que descubrirá aspectos de su pasado que cambiarán por completo su vida.
Silvia, de origen latino: “Aquella que viene de la selva, natural de los bosques, mujer libre”.
OPINIÓN
En primer lugar, he de hacer un comentario al respecto de la portada de esta historia, la cual considero que no le hace justicia. O al menos, no es la que yo hubiera elegido para ella. Considero que no le hace justicia. No me preguntéis tampoco cuál indicaría porque no soy portadista, pero... no sería una novela que yo sacaría de las estanterías a causa de la imagen de la misma.
En segundo lugar, también quiero destacar que, esta novela ejemplifica bastante bien que el número de páginas que una novela contiene, no tiene nada que ver para que sea buena o no. Porque la historia escrita por Cristina, a pesar de sus pocas páginas, es de esas que contienen muchas reflexiones acertadas y te hacen ser mucho más consciente de lo que sucede a tu alrededor.
Y con eso, vuelve a demostrarse una vez más que la literatura, además de ser un pasatiempo o un entretenimiento, puede y va mucho más allá. Es un canal de apertura de ojos y un arma de denuncia acerca de esos aspectos de nuestras vidas y sociedad que no funcionan todo lo bien que deberían.
Partiendo de esa base, lo primero que me gustaría destacar como aspecto positivo de esta novela es que la diferencia enriquece y nunca ha de separar. Por eso, siempre debemos estar rodeados, no solo de personas afines a nosotros, sino también completamente diferentes a nosotros. Así, seremos mucho más ricos en el campo de nuestra personalidad. Más que nada porque la verdadera riqueza de la vida se encuentra en los pequeños detalles que conforman nuestro día a día y no en la acumulación de patrimonio material.
Pero, para conseguir esa verdadera riqueza, lo que tenemos que hacer es respetar, ya que, nuestra opinión no es ley. Y por tanto, no debemos imponerla a los demás. Dar la opinión sí, pero imposición no. En primer lugar porque forzar a alguien es coartar su libertad y ahí ya estamos intentando cambiarles al querer convertirles en algo que no son. Y sobre todo, porque ese debate sano al tener perspectivas diferentes puede ser muy útil para ser conscientes y fijarnos en detalles que, de otra manera, jamás hubiéramos sido conscientes de ello. Como bien demuestra aquí el personaje de Margarita, ella es feliz viviendo así, pese a la incomprensión de buena parte de la sociedad.
Pero tiene la conciencia tranquila. Y eso, es impagable e incomparable.
Esa relación por tanto entre respeto y empatía es inevitable y por tanto, aquí aparece la primera crítica a nuestra sociedad y a lo poco empáticos que somos. Acrecentada en este sentido mucho más por nuestro modo de vida contemporáneo. Mucho más centrados en ir de un punto a otro con el piloto automáticos sin prestar atención a los detalles o a las situaciones que pasan a nuestro alrededor.
Esta es también una novela llena de sensibilidad y sentimientos, con muchas temas susceptibles de analizar, en los que me voy a detener de manera más pormenorizada.
El duelo, para empezar, es uno de ellos. Un sentimiento que, al pertenecer al campo de la psique, no se puede estandarizar, sino que, debemos vivirlos de manera individual, sin tiempos o presiones externas. Y sobre todo, también debemos tener en cuenta que, la vida y la muerte no han de ser entendidos como opuestos, sino que debemos considerarlas como diferentes etapas de un viaje, que no es otro que la de nuestra existencia por aquí.
Además de eso, también me ha parecido muy necesario que recuerde por tanto, que la muerte no es el final, ya que nuestro viaje solo se termina cuando las personas que nos quieren terminan por olvidarnos. Y si hemos dejado esa buena estela, es harto difícil de realizar. Por eso, nunca nos marcharemos del todo. Eso sí, advierte también de que el duelo, si no se gestiona de manera correcta y coherente, puede convertirse en el eje de nuestras vidas. Y eso tampoco es, porque hay que estar más pendientes del momento presente y del tiempo que nos toca vivir. Como cualquier otro apartado de la psique, una vez más, la intensidad varía y pasa por etapas. Así que hay que incorporarlo como un aspecto más a las nuestras.
Y hablando de etapas y vida, en esta novela hay un tremendo viaje de autodescubrimiento. Necesario hasta el punto de que considero que todos deberíamos ponernos manos a la obra. Porque solo al conocernos bien, sabremos aceptarnos tal cual somos y así nos valoraremos y querremos bien. Pero además, así habremos aprendido qué es y qué no es un buen amor y distinguiremos un comportamiento tóxico de uno sano. Indispensable esta distinción al hablar del sentimiento romántico; del cual hablaré más adelante porque amor aquí hay un rato.
Pero la vida, además de un viaje es un deporte. Y de aventura. De ahí que la metáfora para con el personaje de Lorien, está muy traída y me ha gustado mucho.
Un Lorien que, por tanto, es el contrapunto de Silvia y que demuestra perfectamente cómo, si bien los nombres y las palabras tienen poder y fuerza, los tatuajes, al igual que la literatura van más allá de lo que se ve a simple vista y tienen un motivo para su realización y un significado. Ya que, si se ha decidido que permanezca ahí para siempre, por algo será. En este sentido, el tema de los tatuajes ha sido otra metáfora para con su personaje que también me ha gustado mucho porque él es más de lo que aparece a simple vista.
Junto a las metáforas viajeras de la vida, existe aquí un viaje literal, que nos recuerda que sí que debemos volver a los lugares donde fuimos felices al contrario de lo que indica Sabina. Porque nuestras circunstancias serán diferentes en cada ocasión y por tanto, los recuerdos asociados a los mismos serán diversos. Amén de que pueden ayudarnos a reconectarnos con nuestros seres queridos, nuestro yo del pasado o incluso, servir como punto de referencia para la creación de uno mejorado.
Además de que, nunca sabemos donde puede estar nuestro lugar en el mundo. Y este, puede encontrarse incluso en un pueblo pequeño del Pirineo aragonés. Escenario que sirve para indicar que, no todas las personas sirven para vivir en pequeñas comunidades y relativamente aisladas. Sino que también, las pequeñas comunidades tienen sus ventajas e inconvenientes.
Ventajas como el hecho de que la pertenencia al grupo es mucho más inmediata, así como la ayuda en caso de necesidad. Pero inconvenientes como por ejemplo el del hecho que el concepto de intimidad y privacidad es mucho más difícil de llevar a cabo y también que los rumores y malas famas se expanden con mucha más facilidad y a su vez, es mucho más difícil desprenderse de ellos.
Pero indica también que, una acción puntual o un error cometido bajo determinadas circunstancias y presiones, no tiene por qué definirnos como personas. Especialmente si hay voluntad de arrepentimiento, lo cual es un detalle bastante importante a tener en cuenta. Más que nada porque, no sabemos aceptar nuestros errores y nos cuesta mucho pedir perdón por este motivo.
Relaciona así todo lo que sucede con uno de los principales problemas de nuestra sociedad. O miedo incluso, que no es otro que el de la comunicación. Sentimos un pánico profundo y terrorífico a hablar las cosas, porque lo entendemos como un síntoma de debilidad, exposición y crítica para con el respecto al otro. Cuando es justo lo contrario, solo aquellos que son capaces de hablar y tratar las cosas con naturalidad y humildad, son los verdaderos valientes.
Pero no es fácil, y por eso, preferimos callar... con el peligro que eso conlleva. Porque incluso, nos negamos a no hacerlo o a pasar por encima de los temas con tal de no provocar sufrimiento o dolor ajeno. Y es precisamente de nuevo donde se repite el error, ya que, a veces las buenas intenciones lo que terminan provocando, a la larga, es un sufrimiento aún mayor.
Emplaza por tanto a que recordemos más de seguido que las apariencias engañan, que debemos conceder más segundas oportunidades en la vida y sobre todo - por eso lo enlazo con la comunicación - que, antes de dar nuestra opinión al respecto de cualquier tema o situación, debemos escuchar todas las versiones de la historia. Porque quizás, podríamos sorprendernos. Más que nada porque, juzgamos demasiado rápido, pero no nos comportamos ni actuamos igual de veloces cuando se trata de conceder perdón.
Hay un homenaje precioso a la resiliencia y sobre todo, a no cerrarnos puertas en nada en ninguna etapa de la vida porque, nunca sabemos cuál será el impacto y la importancia que esas nuevas personas recién llegadas podrán tener más adelante. Como bien le sucede a Silvia. En ese sentido, me ha gustado mucho que las relaciones con todas y cada una de las paradas y visitas que ella ha de realizar para reencontrarse con su madre y que, en mi opinión, es uno de los aspectos más redondos de todo el libro.
Y sobre todo, destaco la sororidad bien presente entre las mujeres de esta novela. Más que nada porque vuelve a poner de relieve que, si nos apoyáramos más entre nosotras, el mundo sería un lugar mucho mejor para todo el mundo.
Esta sororidad aparece bien presente casi desde el principio de la novela gracias a la especial relación entre Silvia y su madre Margarita, pero también con su tía. Y aprovecho así para enlazarlo con el amor por la familia, introducido aquí de un punto muy humano e imperfecto, pero sano.
Además, también lo aprovecha para introducir otro tema de relativa importancia como es el de la paternidad o la maternidad. De nuevo, no debemos estandarizar ni pensar que existen las familias perfectas, puesto que no es así.
Y además, me ha gustado que ponga de relieve lo difícil que es la crianza de un hijo de manera solitaria, ya que tiende a darse por descontado. Especialmente porque la decisión para convertirnos en padres, ha de ser tomada con mucha cautela y reflexión porque, es una responsabilidad para toda la vida. Y por eso, hay que respetar a quienes lo tienen muy claro, a quien no desean hacerlo e incluso, a quienes cambian de opinión al respecto de ese tema.
Porque la madurez no va asociada a una edad, sino a nuestra personalidad. Y también las circunstancias no son las mismas en todos los momentos de nuestras vidas.. Lo que no hay que hacer de ninguna de las maneras es privar al otro de la posibilidad de formar parte en la crianza del niño si manifiesta interés e intencionalidad. Eso en mi opinión, es un síntoma de no sentir un buen amor para con el otro.
Otro homenaje maravilloso es el de la literatura, y no solo por lo que he comentado antes, que también, sino porque demuestra que, es tan poderosa y tan universal que, sirve de nexo común para que personas bien diferentes entre sí, conecten y se convierten en cómplices, aliadas... y amigas. De ahí que la relación entre Carla y Silvia es maravillosa.
Y por último, hay alusión al amor romántico. Sano, también. Y aquí en concreto se desarrolla el cliché de friends to lovers, el cual, si bien no es de mis preferidos, sí que confirma con los personajes de este libro cómo, las mejores parejas son aquellas en las que además de ser amigos también son amantes. Del mismo modo que, el miedo a dar ese paso más allá está mucho más presente, ya que la pérdida en este caso sería doble.
Un amor que aparece dónde, cuándo y con quién menos esperamos y el cual tampoco hay que contraponer como la parte positiva de la soledad, sino como un perfecto complemento de la misma porque, quien bien te quiere lo hará libre y sobre todo, sabrá respetar tu individualidad dentro de la pareja. De ahí que jamás hay que oponerse a la aparición de su llegada o incluso luchar contra él, es una batalla perdida de antemano. Al contrario, hay que dejarse fluir.
Por eso ellos son tan bonitos y son capaces de derretir la nieve del Pirineo. Y tan necesarios porque, nos recuerdan que, el hogar lo forman las personas que viven en un lugar y no el sitio el sí. Así que, en cuanto pase el tren por nuestra estación, debemos subirnos a él.
Incluso aunque el futuro sea incierto. El amor y la vida también lo son, así como bien excitantes y felices. Y eso es lo que al final provoca que merezca la pena.
Al igual que merece la pena la lectura de este libro.
Al menos, para mí así ha sido este primer contacto. Así que os emplazo a vosotros a que también hagáis lo propio.
¡Nos leemos pronto!
La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de una novela con la que me estreno en lo que a la pluma de la autora se refiere. No por falta de ganas, ya que, la he visto varias veces por redes y por eso, se me quedó ahí grabada. Sin embargo, como soy de las personas que consideran que, todo tiene un lugar y un momento... ese instante ha llegado aquí y ahora.
Por eso, no me voy a entretener mucho más en esta parte introductoria de la publicación y os dejo con la sinopsis y la opinión de Entre bosques y montañas de Cristina Meraki:
SINOPSIS
Si tuvieras a tu alcance desvelar la gran incógnita de tu vida, ¿te atreverías a hacerlo?
Silvia es una joven de 23 años que acaba de perder a su madre, Marga, una mujer muy espiritual y peculiar que le ha dejado un curioso recado antes de fallecer: visitar cinco rincones del Pirineo en los que asegura que, de alguna manera, podrá reencontrarse con ella. Ella, sin entender completamente las intenciones de su difunta madre, se muda a un pueblo cercano a esos lugares naturales para llevar a cabo su petición, y allí no solo conocerá a personas maravillosas, como Espe, Ixeia o Lorién, sino que descubrirá aspectos de su pasado que cambiarán por completo su vida.
Silvia, de origen latino: “Aquella que viene de la selva, natural de los bosques, mujer libre”.
OPINIÓN
En primer lugar, he de hacer un comentario al respecto de la portada de esta historia, la cual considero que no le hace justicia. O al menos, no es la que yo hubiera elegido para ella. Considero que no le hace justicia. No me preguntéis tampoco cuál indicaría porque no soy portadista, pero... no sería una novela que yo sacaría de las estanterías a causa de la imagen de la misma.
En segundo lugar, también quiero destacar que, esta novela ejemplifica bastante bien que el número de páginas que una novela contiene, no tiene nada que ver para que sea buena o no. Porque la historia escrita por Cristina, a pesar de sus pocas páginas, es de esas que contienen muchas reflexiones acertadas y te hacen ser mucho más consciente de lo que sucede a tu alrededor.
Y con eso, vuelve a demostrarse una vez más que la literatura, además de ser un pasatiempo o un entretenimiento, puede y va mucho más allá. Es un canal de apertura de ojos y un arma de denuncia acerca de esos aspectos de nuestras vidas y sociedad que no funcionan todo lo bien que deberían.
Partiendo de esa base, lo primero que me gustaría destacar como aspecto positivo de esta novela es que la diferencia enriquece y nunca ha de separar. Por eso, siempre debemos estar rodeados, no solo de personas afines a nosotros, sino también completamente diferentes a nosotros. Así, seremos mucho más ricos en el campo de nuestra personalidad. Más que nada porque la verdadera riqueza de la vida se encuentra en los pequeños detalles que conforman nuestro día a día y no en la acumulación de patrimonio material.
Pero, para conseguir esa verdadera riqueza, lo que tenemos que hacer es respetar, ya que, nuestra opinión no es ley. Y por tanto, no debemos imponerla a los demás. Dar la opinión sí, pero imposición no. En primer lugar porque forzar a alguien es coartar su libertad y ahí ya estamos intentando cambiarles al querer convertirles en algo que no son. Y sobre todo, porque ese debate sano al tener perspectivas diferentes puede ser muy útil para ser conscientes y fijarnos en detalles que, de otra manera, jamás hubiéramos sido conscientes de ello. Como bien demuestra aquí el personaje de Margarita, ella es feliz viviendo así, pese a la incomprensión de buena parte de la sociedad.
Pero tiene la conciencia tranquila. Y eso, es impagable e incomparable.
Esa relación por tanto entre respeto y empatía es inevitable y por tanto, aquí aparece la primera crítica a nuestra sociedad y a lo poco empáticos que somos. Acrecentada en este sentido mucho más por nuestro modo de vida contemporáneo. Mucho más centrados en ir de un punto a otro con el piloto automáticos sin prestar atención a los detalles o a las situaciones que pasan a nuestro alrededor.
Esta es también una novela llena de sensibilidad y sentimientos, con muchas temas susceptibles de analizar, en los que me voy a detener de manera más pormenorizada.
El duelo, para empezar, es uno de ellos. Un sentimiento que, al pertenecer al campo de la psique, no se puede estandarizar, sino que, debemos vivirlos de manera individual, sin tiempos o presiones externas. Y sobre todo, también debemos tener en cuenta que, la vida y la muerte no han de ser entendidos como opuestos, sino que debemos considerarlas como diferentes etapas de un viaje, que no es otro que la de nuestra existencia por aquí.
Además de eso, también me ha parecido muy necesario que recuerde por tanto, que la muerte no es el final, ya que nuestro viaje solo se termina cuando las personas que nos quieren terminan por olvidarnos. Y si hemos dejado esa buena estela, es harto difícil de realizar. Por eso, nunca nos marcharemos del todo. Eso sí, advierte también de que el duelo, si no se gestiona de manera correcta y coherente, puede convertirse en el eje de nuestras vidas. Y eso tampoco es, porque hay que estar más pendientes del momento presente y del tiempo que nos toca vivir. Como cualquier otro apartado de la psique, una vez más, la intensidad varía y pasa por etapas. Así que hay que incorporarlo como un aspecto más a las nuestras.
Y hablando de etapas y vida, en esta novela hay un tremendo viaje de autodescubrimiento. Necesario hasta el punto de que considero que todos deberíamos ponernos manos a la obra. Porque solo al conocernos bien, sabremos aceptarnos tal cual somos y así nos valoraremos y querremos bien. Pero además, así habremos aprendido qué es y qué no es un buen amor y distinguiremos un comportamiento tóxico de uno sano. Indispensable esta distinción al hablar del sentimiento romántico; del cual hablaré más adelante porque amor aquí hay un rato.
Pero la vida, además de un viaje es un deporte. Y de aventura. De ahí que la metáfora para con el personaje de Lorien, está muy traída y me ha gustado mucho.
Un Lorien que, por tanto, es el contrapunto de Silvia y que demuestra perfectamente cómo, si bien los nombres y las palabras tienen poder y fuerza, los tatuajes, al igual que la literatura van más allá de lo que se ve a simple vista y tienen un motivo para su realización y un significado. Ya que, si se ha decidido que permanezca ahí para siempre, por algo será. En este sentido, el tema de los tatuajes ha sido otra metáfora para con su personaje que también me ha gustado mucho porque él es más de lo que aparece a simple vista.
Junto a las metáforas viajeras de la vida, existe aquí un viaje literal, que nos recuerda que sí que debemos volver a los lugares donde fuimos felices al contrario de lo que indica Sabina. Porque nuestras circunstancias serán diferentes en cada ocasión y por tanto, los recuerdos asociados a los mismos serán diversos. Amén de que pueden ayudarnos a reconectarnos con nuestros seres queridos, nuestro yo del pasado o incluso, servir como punto de referencia para la creación de uno mejorado.
Además de que, nunca sabemos donde puede estar nuestro lugar en el mundo. Y este, puede encontrarse incluso en un pueblo pequeño del Pirineo aragonés. Escenario que sirve para indicar que, no todas las personas sirven para vivir en pequeñas comunidades y relativamente aisladas. Sino que también, las pequeñas comunidades tienen sus ventajas e inconvenientes.
Ventajas como el hecho de que la pertenencia al grupo es mucho más inmediata, así como la ayuda en caso de necesidad. Pero inconvenientes como por ejemplo el del hecho que el concepto de intimidad y privacidad es mucho más difícil de llevar a cabo y también que los rumores y malas famas se expanden con mucha más facilidad y a su vez, es mucho más difícil desprenderse de ellos.
Pero indica también que, una acción puntual o un error cometido bajo determinadas circunstancias y presiones, no tiene por qué definirnos como personas. Especialmente si hay voluntad de arrepentimiento, lo cual es un detalle bastante importante a tener en cuenta. Más que nada porque, no sabemos aceptar nuestros errores y nos cuesta mucho pedir perdón por este motivo.
Relaciona así todo lo que sucede con uno de los principales problemas de nuestra sociedad. O miedo incluso, que no es otro que el de la comunicación. Sentimos un pánico profundo y terrorífico a hablar las cosas, porque lo entendemos como un síntoma de debilidad, exposición y crítica para con el respecto al otro. Cuando es justo lo contrario, solo aquellos que son capaces de hablar y tratar las cosas con naturalidad y humildad, son los verdaderos valientes.
Pero no es fácil, y por eso, preferimos callar... con el peligro que eso conlleva. Porque incluso, nos negamos a no hacerlo o a pasar por encima de los temas con tal de no provocar sufrimiento o dolor ajeno. Y es precisamente de nuevo donde se repite el error, ya que, a veces las buenas intenciones lo que terminan provocando, a la larga, es un sufrimiento aún mayor.
Emplaza por tanto a que recordemos más de seguido que las apariencias engañan, que debemos conceder más segundas oportunidades en la vida y sobre todo - por eso lo enlazo con la comunicación - que, antes de dar nuestra opinión al respecto de cualquier tema o situación, debemos escuchar todas las versiones de la historia. Porque quizás, podríamos sorprendernos. Más que nada porque, juzgamos demasiado rápido, pero no nos comportamos ni actuamos igual de veloces cuando se trata de conceder perdón.
Hay un homenaje precioso a la resiliencia y sobre todo, a no cerrarnos puertas en nada en ninguna etapa de la vida porque, nunca sabemos cuál será el impacto y la importancia que esas nuevas personas recién llegadas podrán tener más adelante. Como bien le sucede a Silvia. En ese sentido, me ha gustado mucho que las relaciones con todas y cada una de las paradas y visitas que ella ha de realizar para reencontrarse con su madre y que, en mi opinión, es uno de los aspectos más redondos de todo el libro.
Y sobre todo, destaco la sororidad bien presente entre las mujeres de esta novela. Más que nada porque vuelve a poner de relieve que, si nos apoyáramos más entre nosotras, el mundo sería un lugar mucho mejor para todo el mundo.
Esta sororidad aparece bien presente casi desde el principio de la novela gracias a la especial relación entre Silvia y su madre Margarita, pero también con su tía. Y aprovecho así para enlazarlo con el amor por la familia, introducido aquí de un punto muy humano e imperfecto, pero sano.
Además, también lo aprovecha para introducir otro tema de relativa importancia como es el de la paternidad o la maternidad. De nuevo, no debemos estandarizar ni pensar que existen las familias perfectas, puesto que no es así.
Y además, me ha gustado que ponga de relieve lo difícil que es la crianza de un hijo de manera solitaria, ya que tiende a darse por descontado. Especialmente porque la decisión para convertirnos en padres, ha de ser tomada con mucha cautela y reflexión porque, es una responsabilidad para toda la vida. Y por eso, hay que respetar a quienes lo tienen muy claro, a quien no desean hacerlo e incluso, a quienes cambian de opinión al respecto de ese tema.
Porque la madurez no va asociada a una edad, sino a nuestra personalidad. Y también las circunstancias no son las mismas en todos los momentos de nuestras vidas.. Lo que no hay que hacer de ninguna de las maneras es privar al otro de la posibilidad de formar parte en la crianza del niño si manifiesta interés e intencionalidad. Eso en mi opinión, es un síntoma de no sentir un buen amor para con el otro.
Otro homenaje maravilloso es el de la literatura, y no solo por lo que he comentado antes, que también, sino porque demuestra que, es tan poderosa y tan universal que, sirve de nexo común para que personas bien diferentes entre sí, conecten y se convierten en cómplices, aliadas... y amigas. De ahí que la relación entre Carla y Silvia es maravillosa.
Y por último, hay alusión al amor romántico. Sano, también. Y aquí en concreto se desarrolla el cliché de friends to lovers, el cual, si bien no es de mis preferidos, sí que confirma con los personajes de este libro cómo, las mejores parejas son aquellas en las que además de ser amigos también son amantes. Del mismo modo que, el miedo a dar ese paso más allá está mucho más presente, ya que la pérdida en este caso sería doble.
Un amor que aparece dónde, cuándo y con quién menos esperamos y el cual tampoco hay que contraponer como la parte positiva de la soledad, sino como un perfecto complemento de la misma porque, quien bien te quiere lo hará libre y sobre todo, sabrá respetar tu individualidad dentro de la pareja. De ahí que jamás hay que oponerse a la aparición de su llegada o incluso luchar contra él, es una batalla perdida de antemano. Al contrario, hay que dejarse fluir.
Por eso ellos son tan bonitos y son capaces de derretir la nieve del Pirineo. Y tan necesarios porque, nos recuerdan que, el hogar lo forman las personas que viven en un lugar y no el sitio el sí. Así que, en cuanto pase el tren por nuestra estación, debemos subirnos a él.
Incluso aunque el futuro sea incierto. El amor y la vida también lo son, así como bien excitantes y felices. Y eso es lo que al final provoca que merezca la pena.
Al igual que merece la pena la lectura de este libro.
Al menos, para mí así ha sido este primer contacto. Así que os emplazo a vosotros a que también hagáis lo propio.
¡Nos leemos pronto!

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