Hasta el último día de Elena García

¡Buenas tardes!

La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de una novela que leí en colaboración con la 
autora, a quien agradezco enormemente el envío del ejemplar en digital y sobre todo, esta segunda colaboración porque, quizás este sea un nombre que os suene de opiniones anteriores.

Esta novela no tiene nada que ver con la anterior, y por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de la publicación y os dejo con la sinopsis y mi opinión de Hasta el último día de Elena García:

SINOPSIS

Nunca creí que una historia me haría cambiar tan rápido mi punto de ver la vida y de comprender lo que es amar a una persona. Yo tenía 14 años y como muchos adolescentes odiaba los libros y sobre todo leer. Una tarde mi abuela comenzó a leerme una historia de un amor imposible. Un amor de juventud. Que el destino separó y la Segunda Guerra Mundial volvió a unir. Pero la vida les tenía guardado una desagradable sorpresa. Con el paso de los años ésa historia se quedó escondida entre las páginas de un libro, hasta que llegué a casa de mi abuela y ella decidió contarla. Esta es la historia

OPINIÓN

Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de hacer un comentario al respecto de la portada porque, si bien bonita o neutra, no creo que le haga justicia a la novela y a lo que ahí se cuenta, así que le daría una vuelta o una actualización.

Es una novela breve, pero llena de mensajes necesarios y susceptibles de destacar y por eso, poco a poco, os los voy a ir desgranando.

En primer lugar, usa al personaje principal, Amanda, una adolescente, para lanzar un mensaje alegato a favor de la lectura, pero, al mismo tiempo, a favor de la empatía e incluso, de la concesión de segundas oportunidades en la vida.

Es obvio que la lectura es un hobbie extremista, porque o se ama o se odia. Pero, si que es cierto que en no pocos casos, es el modo a través del cual nos acercamos a él lo que termina por causar ese rechazo u odio. O dicho de otro modo, realizar cualquier acción por obligación, a nadie nos gusta. Y es verdad que, en ocasiones, esas lecturas obligatorias, pese a ser obras cumbres de la literatura, quizás no sean las más adecuadas para una determinada edad y, la falta de interés o entendimiento, también provoca el desinterés o el abandono de la misma.

Pero yo soy una persona a veces optimista y por eso, al menos, al respecto de este tema, creo que no es que no nos gusta leer, sino que no hemos dado de momento con la lectura adecuada para nosotros. De ahí que, incluso personas no muy lectoras, se han enganchado cuando sí que lo han hecho.

Al mismo tiempo, es un mensaje esperanzador acerca de los diferentes ritmos de todos y cada uno de nosotros. Porque, cada persona es un mundo y por eso, es un error cualquier tipo de estandarización, amén de que la diferencia enriquece y nunca separa. Así que debemos evitar tratar de compararnos entre nosotros y sí recordar que, nunca es demasiado tarde o demasiado lejos a la hora de embarcarnos en este viaje... sobre todo, si el resultado es feliz.

Relacionado con la literatura, también incide en la importancia que tienen las palabras... tanto para bien como para mal, porque su estela se prolonga mucho más en el tiempo y sus efectos son más invisibles porque son menos apreciables. Además de esto, también lanza un mensaje a favor de una mayor relación o más estrecha entre literatura o historia, porque no son opuestas ni extremas, al contrario, sino porque son complementarias.

Y por eso, una literatura bien documentada y sin muchos fallos, puede provocar el interés y la curiosidad por todas y cada una de esas pequeñas microhistorias que terminan por conformar esa gran disciplina que es la historia con mayúsculas... como aquí sucede.

Amén de que recuerda que la literatura, y como tal las palabras, son un elemento básico de la comunicación, la cual tenemos que poner en práctica de manera mucho más continuada. Incluso para ayudar a no repetir la historia, puesto que tiende a hacerlo. Y por eso, hay que hablar siempre, de todo y con todos.

Porque el no hablar contribuye a que sucedan disgustos, malentendidos y/o rupturas sentimentales, pero el no hablar también provoca que no podamos empatizar con el otro y nos dejemos llevar por rumores y noticias falsas... las cuales engañan.

Y además, si no hablamos de un tema, contribuimos a que se invisibilice y oculte, justo otra de las cosas por las que aboga esta novela en otra de las líneas temporales que tiene.

Ya que incluye la historia de amor de Sophie, en el contexto de entreguerras, de ahí que pueda tener un cariz histórico esta misma. Y al ser una novela con una alta representación femenina, también se puede decir que es bastante feminista. Y por eso, pone de relieve que, a pesar del tiempo transcurrido, aún hoy las mujeres siguen enfrentándose a situaciones de carácter machista como antaño. Sobre todo en lo que a la mala fama se refiere, ya que en una situación de este tipo, la peor parada siempre será la mujer, la que recibirá unas críticas más duras será también ella y por tanto, aún hoy continuaremos teniendo mucho miedo al qué dirán y continuará el control sobre nosotras por su parte.

Hablo también de feminismo porque, en cierto modo, concede un homenaje a las pioneras que dieron esos primeros pasos en favor del reconocimiento y la igualdad laboral, además de ser ese grupo de trabajadoras en la sombra que mantuvieron y sostuvieron diferentes países. Olvidándose incluso de diferentes clases sociales en aras de un bien común mayor... como debería ser.

Hay también mucho amor en esta novela. Y en este caso, es Sophie, la protagonista de la segunda subtrama quien mejor los ejemplifica a todos.

Del amor por los libros ya he hablado, así que no me voy a repetir.

Hablemos de otros amores como por ejemplo el del amor entre los miembros de una familia. Y ese amor no siempre es sano, porque recuerda de una manera más que necesaria que, el mero hecho de compartir un grupo sanguíneo con otro no nos da derecho a decir u opinar lo que nos venga en gana al respecto del otro. Hay que tener más empatía para con los demás y sobre todo, tanto padres como hijos han de saber respetar más la individualidad de los pequeños. Es cierto que las buenas intenciones están llenas de daño, pero también hay que tener bien presente que cada generación evoluciona de manera diferente y tiene sus propias características, también respetables aunque no las entendamos.

Pero también hay amor sano, como el de Sophie con su hermano. Demostrando que están ahí el uno para el otro... a pesar de las dificultades y de sus diferentes situaciones.

Y por último, también se rinde un homenaje maravillosos a los abuelos. Junto con, además, otro palito más que necesario a la sociedad, empeñada en vivir en el presente y la inmediatez y por tanto, descartando progresivamente a aquellas personas u objetos a las que no podamos sacar un mayor beneficio. Pensamiento erróneo porque, precisamente la validez y utilidad de los abuelos proviene de la experiencia. Y esa experiencia, no hay manual que la otorgue. Así que me ha gustado mucho por esa vía.

Por último, también hay amor romántico.

Demostrando que el amor no entiende de épocas o de clases sociales y que por tanto, incluso en momentos más aciagos como el contexto de entreguerras, puede aparecer. Y contra él sí que no podemos oponer resistencia porque eso será una batalla perdida de antemano.

Eso sí, advierte de que no debemos idealizar a nuestro primer amor, porque es un comportamiento erróneo y equivocado siempre: el amor evoluciona a la par que el ser humano. E idealizar no es otra manera que, convertir a alguien en perfecto... cuando la perfección no existe. De ahí que, aunque se quede con el runrún de qué hubiera pasado si... la decisión que toma el personaje me parece la más coherente.

Más que nada porque elige un buen amor, que le da fuerza y seguridad y por tanto, le hace sacar la mejor versión de sí misma. Que es justo lo que todo deberíamos buscar todos en la vida.

Y en ese sentido, el personaje es muy afortunada porque, tiene la suerte de que quien la quiere, la quiere bien y la quiere libre, respetando su individualidad y su verdadero yo. Y, si en ese sentido, lo mejor es estar separados, bienvenido sea.

Porque así, también podremos querernos bien a nosotros mismos. Y ser felices.

Un último mensaje maravilloso y que todo el mundo debería aplicarse todos y cada uno de los días de nuestras vidas. Hasta el último.

¡Muchas gracias por querer colaborar conmigo!

¡Muchas gracias por convertir a los libros en un verdadero tesoro!

¡Nos leemos pronto!




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