Elemental, querida Gaby de Rosario Tey

¡Buenas tardes!

La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de un libro que leí hace un tiempo y que, ahora 
que  no tengo opiniones "con prisa" por escribir, os traigo por aquí.

Es mi primera vez con la pluma de la autora y por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de esta publicación y prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de Elemental, querida Gaby de Rosario Fey.

SINOPSIS

Gabi, aspirante a escritora de novela negra, decide abandonar su trabajo en una cafetería en Madrid y regresar a su Cádiz natal cuando su novio, Josema, rompe con ella utilizando una estúpida canción que él mismo ha compuesto.

El primer problema es que su ya exnovio le debe quince mil euros y no piensa pagárselos.

El segundo, que la única persona que puede ayudarla a recuperar su dinero es el abogado Aníbal Lafuentes, un error de la adolescencia y el mejor amigo de su cuñado.

Y el tercero, aunque no el último, es que su vida pronto va a transformarse en una maraña de dificultades y desafortunados sucesos que pondrán en peligro todo cuanto ama.

¿Será Gabi capaz de salir ilesa de la peor trama que jamás hubiera imaginado?

¿Conseguirá Aníbal poner a salvo el futuro de Gabi?


OPINIÓN

Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de decir que no os dejéis llevar por el título porque, si bien es cierto que la inspiración con Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle está bien presente, la realidad es que no lo calificaría como una novela similar a las que esta autor escribió en su momentos.

Es más bien una comedia romántica con su toque de investigación y un sinfín de malentendidos. Tiene muy fácil lectura, sobre todo por el lenguaje coloquial que tienen los personajes, así que, en menos tiempo del que os hayáis pensado, habréis devorado sus páginas. Y además, con más de una carcajada entre pasar y pasar de las mismas. Porque, todo lo que pasa a Gaby es... de risa. Y no siempre divertido.

Y ese es precisamente uno de los puntos fuertes de la novela, que recuerda que, la risa, como el amor, es entendida de manera individual por todos y cada uno de nosotros. Así que no hay que imponer o implantar. Al revés, la diferencia es lo que nos enriquece. Y cuando más diferentes de nosotros mismos sean quienes nos rodean, más ricos seremos.

Pero, ¿por qué le pasa todo esto? Pues porque es buena, y como estamos tan poco acostumbrados a la bondad en nuestra sociedad, tendemos a aprovecharnos el máximo de la misma. Poniendo así en práctica esa idea tan extendida de que, de bueno que somos, somos tontos. Y por eso, es tan fácil que algún/alguna persona astuta se nos cruce en el camino e intente aprovecharse al máximo posible de nosotros. Lo cual dice mucho de nosotros como sociedad... y no precisamente para bien.

Como bien demuestra el novio de nuestra pobre Gaby.

Y, esta premisa nada halagüeña también sirve de puto de partida para poner de relieve el maravilloso viaje de autodescubrimiento que realiza la protagonista. Un viaje que nunca es demasiado pronto o tarde para emprender. Y por eso mismo, tampoco está mal que regresemos a la casilla de salida. Porque el fracaso no hay que entenderlo siempre como una negativa rotunda, sino como un aprendizaje y un indicador también de que, quizás nuestro camino no va por ahí.

Ella es escritora y creo que, en este caso, la autora se ha valido de su propia experiencia a la hora de desarrollar esta parte de su carácter. Escritora de novela negra, por cierto. Y por ahí el título. Me ha gustado que narre con sinceridad y sin florituras lo difícil que es el proceso de publicación. O que esa obra sea seleccionada por una editorial. Porque, en más de un caso - servidora - es un sueño y en cierto modo, podemos decir que lo tenemos idealizado. Y como idealizado, creemos que es perfecto. Cuando la perfección no existe y por eso, tratar de perseguirla incansablemente lo único que provocará es la insatisfacción de no ver nuestro objetivo cumplido y además, una tristeza a posteriori al darnos cuenta del tremendo tiempo perdido en esa infructuosa carrera.

Por eso, me ha gustado que, use a Gaby como instrumento para demostrar que, en realidad, sí que tiene carácter y que se puede buscar las habichuelas de otros modos, como por ejemplo, con la autopublicación. Y como sabéis, como fiel lectora que soy de ellos, la realidad es que he de decir que, en más de un caso, ni las ediciones, ni las historias tienen nada que envidiarles a los que tienen el amparo de un sello editorial.

Pero además, también me ha gustado que ponga de relieve y dé el lugar que corresponde a los lectores beta o cero de estos escritores. Es decir a aquellos lectores, que, por motivos varios, pueden leer la historia mientras se está gestando y por eso, aconsejan acerca de erratas, incongruencias, fallos de guion o aspectos flojos e incluso, proponen ideas. Y esto, aunque resulte difícil de creer no es tan sencillo como pudiéramos pensar.

Porque, como en el resto de aspectos de nuestras vidas, buscamos sinceridad, pero tampoco. Y a veces, es cierto que también amparados bajo esa hipotética sinceridad, en realidad no hacemos otra cosa que tener manga ancha para decir lo que se nos venga en gana. Y ahí hay que tener cuidado porque las palabras son más poderosas de lo que podríamos pensar y por eso, pueden provocar mucho daño.

Así que, la tesitura entre subjetividad y objetividad es una línea muy fina y difusa que, en más de un caso, provoca que no sepamos cómo proceder o actuar. Y por eso, la metáfora entre inspiración y amor, está muy bien traída porque, aparecen dónde, cuándo y con quién menos lo esperamos. Y además, presionar o forzar de algún tipo, a la larga no conllevará nada positivo.

Así que Aníbal en este caso, lo representa a la perfección.

Un Aníbal que, además de ser el personaje sobre el cual introducir la subtrama romántica de la novela, sirve además como instrumento para desarrollar más de un tema interesante en nuestra sociedad.

Como por ejemplo, que en nuestra sociedad parecemos estar mucho más focalizados en el trabajo por encima de otros aspectos de nuestra vida. Lo que, a su vez, puede generar un cierto clasismo erróneo acerca de que determinadas profesiones "de éxito" son las que sirven de indicador de triunfo, mientras que otras no. Y eso es erróneo porque, todas las profesiones son igualmente válidas. Y es más, cuanto menos cualificación tengan, más indispensables serán.

Además, al comportarnos así, no prestamos realmente a nuestro alrededor y por eso, no vivimos. Sobrevivimos, porque realmente no somos felices. Y recordemos que la felicidad es el objetivo que todos tenemos que marcarnos como prioridad. Una infelicidad que, en su caso, es aún más patente con la inclusión de su más que rota y fracasada relación sentimental.

Y es aquí cuando se introduce lo importante que es el amor propio, porque si no nos queremos bien a nosotros mismos, no podremos querer bien a los demás. Así que, tenemos que ponernos como prioridad siempre si queremos conseguirlo, a pesar de quedar como egoístas de cara a los demás.

Porque no podemos confundir amor con otros sentimientos ya que, a la larga provocaremos un daño que estaba lejos de ser nuestra intención. En este punto además, se pone de relieve cuán extendida está una creencia que no es otra que la de que un hijo puede ser la solución a una relación que estaba muerta y rota de hace tiempo. Porque no es así.

Un hijo es una responsabilidad y una decisión que se ha de tomar para toda la vida. Y que por tanto, conviene que reflexionemos sobre ella. Porque, una vez lleguen, han de ser la prioridad. Siempre. Amén de que, también conviene recordar que una mujer no es menos que otra por querer o no ser madre. Tenemos que saber y aprender a respetar la vida de los demás. Porque las comparaciones son siempre odiosas.

Para ello, la comunicación siempre ha de ser una pieza clave y fundamental de dicha relación. Y una vez más, al igual que sucede con el amor, tenemos mucho miedo a ponerla en práctica. Más, en este caso, cuando queda también tan claro, la masculinidad frágil que Aníbal tiene pese a ser un "triunfador".

Pero, las apariencias engañan y él es más de lo que parece. Por eso, tiene una serie de asuntos no bien cerrados del todo que explican eso que le sucede y que provocan que, en mi caso, al principio me resultase un personaje con el que, en ocasiones, me pareció difícil empatizar.

Eso sí, también sirve como un recordatorio de lo importante que es la comunicación, tanto con palabras como con hechos. Y al final resultó que este prefería el segundo modo y que entre las sombras, la estaba ayudando a obtener el lugar y el reconocimiento que merece mientras que, al mismo tiempo, él hacía lo propio para consigo mismo.

Porque sí, va de primeros amores y segundas oportunidades. Porque el amor, al igual que el ser humano va de evolución y por eso, tenemos que tener presente que un error puntual no nos convierte en culpables para siempre. Más si hay voluntad de cambio y por eso, no podemos usar como vara de medir ese primer amor. Mucho menos si es de época adolescente.

Y al final, todos buscamos lo mismo. Que no es otra cosa que ser amados. Independientemente de la edad que tengamos. Por eso, ha quedado muy bien reflejado con Asunción y la suegra, demostrando que esa edad que tenemos no es otra cosa que un número y que por eso, la madurez va asociada a un carácter determinado y no como digo a nuestros años.

Pero sobre todo, me ha gustado mucho el homenaje más que necesario a los abuelos y a su rol en la sociedad. Porque su sabiduría es muy útil e importante, ya que proviene de sus experiencias de su vida. Por eso, se comparte y enseña, siempre.

Eso sí, tengo que decir que ha habido una subtrama que me ha sobrado del todo. Y no hablo de cómo se relacionan para que le ayude con el caso, que eso sí que ha quedado más o menos bien relacionado. Lo que sí que creo que, además para que, de cuando en cuando, sacase alguna sonrisa, la subtrama del sobrino de Paco, Thor me ha parecido sobrante.

Dicho esto, se lee muy fácilmente y que no ha sido un primer contacto con la pluma del todo insatisfactorio.

¡Nos leemos pronto!

 



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