La tormenta de Ester del Campo

¡Buenas tardes!

La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de uno de los libros viajeros que llegaron a mi 
casa en días pasados. Sí, otro más.

Pero ya avisé que había entrado en dinámica.

En este caso, me estreno con la pluma de la autora y por eso, me hace especial ilusión ya que puedo compartiros mis impresiones con vosotros.

Por todo ello, no me entretengo mucho más y prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de La tormenta, escrita por Ester del Campo.

SINOPSIS

Una novela para quienes buscan romances intensos, donde el amor y el peligro se entrelazan en una trama llena de desafíos y secretos.

Si te gustan las historias de romance y acción, esta novela autoconclusiva te llevará al límite entre la pasión y el riesgo, mostrándote que, a veces, el amor es el desafío más peligroso de todos.

Cuando llegue la Tormenta, ¿en quién confiarás?

Maddie ha regresado a Plantío para descubrir que su hogar se ha vuelto más sombrío. La tensa tregua entre moteros y surferos está a punto de colapsar, y las calles esconden peligros a cada paso.

Decidida a ganarse un lugar en la banda de moteros, Maddie debe desafiar no solo las expectativas de su hermano, sino también sus propios miedos.

Pero en un pueblo donde las lealtades son inciertas, tendrá que enfrentarse a secretos oscuros, alianzas frágiles y una atracción tan intensa como irresistible.

El peligro, los secretos y la pasión se entrelazan en una tormenta que la obligará a arriesgarlo todo por lo que más anhela.

OPINIÓN

Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de hacer un par de comentarios al respecto de la novela en sí y sobre todo del título.

La novela es autoconclusiva. Pero, amén de que lo indica en el subtítulo queda bastante claro que habrá más de una novela ambientada en mayor o menor medida en este universo. Os lo aclaro por si sois lectores ansiosos, para que vayáis advertidos. Amén de que, hay un personaje que con el final que tiene, la verdad es que os va a provocar querer saber más.

Por lo que se refiere al título, es de esos inteligentes que tanto me gustan a mí, porque es muy metafórico y significa más de lo que podríamos pensar a priori. Amén de que, también está la metáfora asociada al sentimiento del amor de un modo bastante bien traído.

He de confesar que, aunque lo he leído bastante rápido, la realidad es que me chocó el tipo de narrador que posee. La tercera persona. Y no es que esté en contra de ella, de más sabéis que cuando escribo mis propias novelas la prefiero.

Sin embargo, he de decir que, se me ha quedado floja en esta ocasión y que hubiera dado mucho más juego, así como una mayor capacidad de empatía y sorpresa con los personajes si más de un personaje lo hubiera hecho desde su propio punto de vista.

Entrando ya en materia de opinión, vamos a acompañar a Madison en su viaje de autoconocimiento y autoconocimiento, literal y metafórico en este caso. Más que nada porque su historia comienza con un regreso a casa. Un viaje que, independientemente del destino final y su duración, todos tenemos que realizar. Los beneficios serán incontables y por eso, debemos dejar de tenerle miedo. Porque solo así seremos felices al completo, el cual ha de ser nuestro objetivo vital siempre. Pero, lo desconocido y la exposición siempre acarrean temor. Más en este caso, cuando su viaje puede caracterizarse como turbulento y lleno de baches.

Junto a ese viaje, también se desarrollan otros temas importantes y susceptibles de ser desarrollados con más profundidad. Los cuales paso a relatar.

Así, al desarrollarlo en El Plantío, un pueblo pequeño, se ponen de relieve las ventajas y desventajas de vivir en uno. Porque el sentimiento de pertenencia es mucho más evidente y por tanto, la ayuda en caso de necesidad también lo es. Aunque, al mismo tiempo, los rumores y las noticias falsas y maliciosas también se propagan con mucha más facilidad y por eso, el respeto a la intimidad es mucho más difícil de respetar.

En este caso, ambos temas son perfectamente apreciables en Madison.

Porque, al ser hermana de Dylan, pertenece al grupo de los moteros, en el cual el sentimiento de lealtad está muy presente. Pero, precisamente por el hecho de ser del mismo, acarrea y lleva asociada una rivalidad con los surferos desde tiempos inmemoriales y que a mí, me hubiera gustado entender mejor en sus inicios. Porque la explicación que se da, se me queda pobre. Y, si bien es cierto que no siempre tiene que haber un motivo de peso para que suceda esto, creo que hubiera sido mucho más enriquecedor a la hora de darle chicha a la misma si algo trágico, truculento y sangriento hubiera sido ese detonante.

Una lealtad que, a veces puede confundirse con el amor, lo cual es un error. Y una lealtad que, en ocasiones también puede resultar tóxica, ya que es exigente y sobre todo, privatoria de libertad. Justo lo que debe ser un buen amor, bien entendido. Amén de que, al hacer eso, en realidad no es otra cosa que intentar cambiarle. Síntoma y símbolo clarísimo de una dinámica nada positiva.

Y en este caso, es Jake quien mejor lo representa. Aunque, su personaje es como un viaje por etapas y solo poco a poco somos conscientes de este tipo de detalles.

Es una novela también crítica donde se pone de relieve cómo el machismo aún sigue muy arraigado en nuestra sociedad, pero sobre todo, cómo es más necesario que nunca el empezar a atajarlo en los ambientes domésticos.

Así que, me ha gustado que ponga de relieve cómo no es muy habitual que haya mujeres en posiciones y cargos relevantes, a pesar de que somos igual de válidas que ellos. Y sobre todo, que gracias a Madison, seamos conscientes que tenemos que esforzarnos el doble o el triple que ellos, para ser consideradas igual de válidas. Y eso tampoco nos excluye de comentarios maliciosos o despectivos una vez hemos llegado a la posición que, por mérito nos corresponde. Ni tampoco del paternalismo por parte de quienes están a nuestro alrededor.

Aunque, lo que realmente me ha gustado de esto es que, ha puesto de relieve cómo, su hermano Dylan lo hace así porque cree que es beneficioso para ella. Y sin embargo, le está funcionando justo al contrario. Porque, como bien queda manifestado aquí, las buenas intenciones, en más de un caso, están llenas de daño. De ahí que haya quedado bien patente en más de una ocasión cómo, a pesar de que está muy dispuesta e incluso preparada para formar parte de los moteros, en ocasiones lo escuchan y la dejan al margen... lo cual, mal gestionado, puede acarrear consecuencias de lo más desagradables.

Dylan es un personaje que también pone sobre la mesa varios temas que tienen que ver con amores diversos. Como por ejemplo, el amor por el poder. Y cómo no todos lo sienten, pero que, a veces, las circunstancias nos fuerzan y obligan a tomar determinadas decisiones que nos aúpan al mismo.

Un poder que puede ser muy tóxico y adictivo y que nos lleva a hacer de todo con tal de conseguirlo, y además, de mantenerlo. Y que por eso, también puede asociarse e incluso compararse con la venganza, otro tema que más de un personaje desarrolla y lleva a cabo entre sus páginas y que ha dado más de un giro sorprendente y lleno de acción que me han sorprendido de manera muy grata.

Junto a ello, también sirve para que seamos conscientes de lo difícil que es el hecho de ser un buen líder o jefe. Porque no todos lo son, ni todo el mundo estamos capacitados para hacerlo. En ese sentido, la metáfora para con el amor está muy presente porque, en ambos casos, se tratará de sacar siempre la mejor de quienes nos rodean... si somos buenos líderes y sabemos amar bien.

Pero él también pone de relieve cuán solo y solitario es el poder. Porque la desconfianza pasa a formar parte de nuestras vidas cotidianas y cuesta mucho confiar, sabiendo distinguir así cuándo el interés es genuino y cuándo hay interés.

Me ha sorprendido para bien, eso sí, la presencia femenina dentro del grupo de los moteros, para desmitificar así el hecho de que sea "muy masculino". Pero sobre todo, me ha gustado que use a Harper para demostrar cuán poderosa y necesaria es la sororidad hoy día. Porque, si todas actuáramos como Harper y Madison, siendo mucho más sorores, el mundo sería un lugar mejor para todos. Sin embargo, como continuamos considerándonos más enemigas que amigas... todo sucede al revés. Esta misma relación sirve también como un ejemplo magnífico para que nos demos cuenta de que, la diferencia enriquece y no tiene por qué separar y por eso, cómo en más de un caso, los amigos son la familia que se elige.

Se ha plantado además en su caso ya la primera raíz para poder desarrollar más su personaje. Y por eso, admito sin ningún tipo de pudor que sí que quiero saber más y sobre todo, poder comprobar con mis propios ojos aquello de no hay más ciego que quien no quiere ver.

Y por último, hay mucho amor romántico. El cual, a veces es sano y otras veces no tanto.

Pero, lo que más destaco en este caso es el hecho de que antes de querer bien a los demás, tenemos que querernos bien a nosotros mismos. Y en ese amor propio tenemos que incluir la concesión de segundas oportunidades. A todo y con todos.

De ahí que, aunque a priori, Jake y ella parecen bien opuestos, la realidad es que son más parecidos de lo que pudiéramos pensar. Y por eso, solo se dan cuenta de este pequeño detalle cuando, dejan ruidos, rumores y malentendidos atrás y se permiten conocerse por sí mismos. Comportamiento que todos deberíamos aplicarnos más en nuestras vidas cotidianas.

Además de eso, vuelve a subrayar su importancia porque, al no querernos bien a nosotros mismos, podemos dar pie a que otras personas aparezcan en nuestras vidas y se aprovechen de nosotros mismos de un modo que no es nada positivo. Por eso, en este caso, Madison me dio pena en más de un caso, porque, dada la influencia de las circunstancias en las que ha sido criada, tan privada de amor, le lleva a "enamorarse" muy rápidamente. Y lo que es peor, a confundir ese sentimiento con algo que no es. Y ahí está el verdadero peligro.

Sí que he de decir que, el punto de quiebre en el hecho de dar ese paso adelante - del cual siempre estoy a favor - me pareció precipitado. Más viniendo de las circunstancias previas de las que llegaba Madison.

Pero, confirma tal que así que no podemos huir o escapar del amor, porque siempre termina por encontrarnos. De ahí que plantarle cara siempre es una batalla perdida de antemano. Más que nada porque, este sentimiento es el que demuestra que son las personas las que habitan en un lugar las que terminan por convertirlo en él. Y no al revés.

Porque el amor es como una tormenta, nos remueve y nos revuelve por dentro, de ahí que en más de un caso nos den miedo. Pero, al mismo tiempo, nos gusta verla, experimentarla ya que, al final, después nos traerá la calma.

Sin dejar de hablar de viajes... este libro continúa hacia la siguiente parada.

¡Nos leemos pronto!




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