El lirio de Ludgate Hill de Mimi Matthews


¡Buenas tardes!

La entrada del post de hoy está dedicada a una novela que leí en colaboración con la editorial, Libros 
de  Seda, a quienes le agradezco el envío del ejemplar. Y sobre todo, la confianza en mí por haber permitido que, nuevamente, pueda seguir disfrutando de la pluma de Mimi Mathews.

Por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de la publicación y prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de El lirio de Ludgate Hill de Mimi Matthews, tercer volumen de su tetralogía Las Londinenses.

SINOPSIS

Lady Anne Deveril no es una mujer que se asuste fácilmente. Goza de buena posición, es bella y también… bastante testaruda, así que no suele cambiar de opinión. Hace seis años, tras la muerte de su madre, decidió guardar luto para siempre: nada de amor ni de fantasías románticas. Sin embargo, cuando se cruza en su camino el señor Félix Hartford, parece que esos trapos negros y todas esas barreras autoimpuestas se tambalean. Y es que el hombre es tan atractivo… que no le será fácil resistirse.

OPINIÓN

Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, de he decir que, si bien pertenece a una serie, la historia es autoconclusiva. Sin embargo, a riesgo de spoilers de las entregas precedentes y sobre todo, para entender mejor el arco argumental de la protagonista, yo os recomendaría que lo leyerais en orden.

Más que nada porque, en este caso además, varias escenas que aquí se narran, se solapan con el final de la novela anterior. Lo que ocurre es que, aquí lo vemos narrado desde otro punto de vista. Porque ese es uno de los mensajes importantes que esta novela encierra. El de que, antes de juzgar o criticar a cualquier persona o tema, debemos conocer todas las versiones de una historia. Porque podríamos sorprendernos.

He de reconocer que, el título llamó mucho mi atención porque, si bien en las novelas anteriores, estaba más o menos claro el por qué del mismo, aquí no veía alusiones o referencias claras a nada que me permitiera descubrir el motivo de esa denominación. Sin embargo, todo tiene su motivo y razón. Y además, está muy bien traído por parte de la autora.

Amén de que, nuevamente, con el tema del lirio, que en este caso tiene más que ver con Hart, vuelve a incidir en el hecho de que el amor es como una flor. Se tiende a pensar que es fácil, pero para nada es así. Es, de hecho, paciente y requiere de cuidados, mimos y sobre interés duradero en el tiempo si queremos que termine por brotar. Incluso puede hacerlo dónde y cuándo menos se le espera. E incluso en las circunstancias más adversas. De ahí que por eso, incluso conviene tomárselo como un reto. Porque así puede que termine por conseguirse esa floración y se le otorgue su mejor aspecto.

Entrando ya en materia de reseña, he de decir que, me sorprendió descubrir que era una historia de primeros amores y de segundas oportunidades donde, la falta de comunicación entre el par fue la tónica imperante. Y así se demuestra el poder que tienen las palabras y cómo, incluso dichas con buena intención, puede provocar mucho más daño que un gesto o hecho puntual. Ya que sus consecuencias no son tan apreciables a simple vista y por eso, sus efectos son mucho más duraderos en el tiempo.

Por eso, si tuviera que describir a Anne con una frase, esta sería como la de una bestia herida. Y solitaria. Porque, de las cuatro chicas, sin duda es la de carácter más férreo y difícil. Y por eso, en ocasiones, me costó entenderla y ponerme en su lugar.

Sin embargo, me pareció terriblemente interesante el hecho de que toda esa fortaleza no fuera nada más y nada menos que una fachada cuyas grietas solo se pueden apreciar si se está pendiente y le presta mucha atención. Como bien hace Hart, que de fachadas también sabe un rato.

Pero sobre todo, lo que más me llamó la atención es que toda esa fortaleza desaparece por completo cuando está junto a su madre, quien consigue opacarla del todo. Porque sí, hay personas que tienen esa capacidad y habilidad innata. Y a veces lo hacen de manera intencionada, pero otras no.

Y es que, he de decir que, la dinámica y la relación entre madre e hija - solas frente al mundo - no era la más sana del mundo. Y lo que es peor, ambas son conscientes de ese hecho. Pero esa dependencia también en parte esconde que, en su fortaleza, realmente no son capaces de encontrar apoyo en otra persona que no sean la otra. Amén de un duelo mal gestionado por ambas partes.

Porque aquí, se vuelve a poner de relieve que las circunstancias de nuestra crianza influyen y mucho a la hora de crear o desarrollar un carácter o personalidad determinados. Aparte de tener una reacción un tanto puntual frente a determinadas situaciones.

Por eso, no es que Anne no sepa amar, porque sí que lo hace al proteger y al dar todo por el todo con las amigas. Sin embargo, tiene miedo a la pérdida y al abandono total. Y a no poder haber disfrutado o desarrollado un amor por completo. Un matrimonio romántico y por amor como el de sus padres. Del cual vio la máxima expresión de la felicidad y los restos de naufragio posterior.

Así que, el paralelismo y la inspiración entre la madre de ella, y la madre de la patria, la Reina Victoria estuvo claro y evidente desde el principio. Y me gustó. Porque ella, para bien y para mal fue el referente de las mujeres de su imperio durante todo su largo reinado, así que no parece descabellado que incluso para mostrar el luto la tomasen como punto de referencia.

Y de ahí que esa lucha interna entre salir de la zona de confort y arriesgarse para consigo mismo y su felicidad durante buena parte de la novela, me mantuvo bastante enganchada al personaje. Más por los intentos constantes y en buena parte, infructuosos de Hart por sacarlas de las sombras en las que se ha autoimpuesto.

Porque sí, Anne ama y sabe amar a los demás. Pero, se ha olvidado de quererse a sí misma. Y ahí es donde está su error. Porque hemos de amarnos bien a nosotros mismos por encima de a los demás. Con exactamente el mismo grado de fidelidad que hacemos para con los demás, como es su caso. Y por eso, aunque todos no tenemos los mismos tiempos de gestión de situaciones, la realidad es que tampoco podemos permitirnos vivir en un luto continuo porque eso no es vivir. Es sobrevivir. Y somos infelices.

Pero, además de eso, tenemos a Hart, quien además de la subtrama amorosa, introduce una serie de temas muy interesantes y que reflejan de un modo bastante acertado a la sociedad victoriana.

Así, por ejemplo él es un claro ejemplo de la doble moral que la caracterizaba. No directamente, sino a través de su padre. Un dechado de virtudes de cara al público quien, en realidad, tenía una doble vida y con unas consecuencias que, para él, tiempo después son de lo más sangrantes.

Nuevamente, aquí se alude a las apariencias y cómo pueden engañar. Pero, a su vez introducen varios temas interesantes. Como el hecho de los matrimonios, los cuales, de manera escasa, se producían por amor. Eran entendidos más como alianzas y contratos entre poderosos. Y por eso, el sentimiento, escaseaba en lo que a presencia se refiere. Eso sí, había ocasiones en las que sí que el sentimiento aparecía, pero siempre a posteriori.

Por eso, en más de un caso había amor con otras mujeres y resultaba que, en más de una ocasión, los nobles tuvieran más de una familia que mantener y más de un hijo bastardo por el camino.

Pero, esta premisa, también pone de relieve que, no siempre el padre se preocupaba por esa otra familia y que padre se hace, pero no se nace. De ahí que hay que demostrar estar ahí para que esa unión y vínculo siga perpetuándose en el tiempo. Como hace Hart. Pero, también se debe tener en cuenta que, el hecho de ser familiares tampoco va a permitir o consentir que se haga de todo, que se nos explote o se nos amenace. Porque siempre ha de haber igualdad y equiparación en la manera en que se desarrollan. Por eso, al final sí que me ha gustado el viraje que toman los acontecimientos y cómo termina por resolverlo todo.

Demostrando una vez más, que él es más que una cara bonita y que, en realidad, no es tan despreocupado o pasota como la gente pueda pensar. Sino que es más de guardar silencio y actuar fuera del ojo público. Más cuando sabe que toda acción tiene consecuencias y que la moral y el honor, de nuevo, públicamente, tienen un alto peso y consideración en la sociedad.

Y hablando de la sociedad, él es también un hombre que tiene secretos. Y esto sirve para explicar muy bien la encrucijada social de aquel momento donde, aún la aristocracia seguía teniendo mucha preponderancia e importancia social, pero la realidad es que eran pocas las familias que tenían economía saneada. Y no podían hacer nada al respecto porque, consideraban al trabajo como algo típico de los pobres y que para tenía que ver con ellos.

Sin embargo, en aquel momento histórico las grandes fortunas del "hombre medio" estaban comenzando a forjarse y por tanto, provocaban que tuvieran que cambiar su consideración para con ellos porque, "renovarse o morir".

Pero, lo más interesante de esto es cómo incluso en tiempos donde la esclavitud ya estaba abolida y por lo tanto, la consideración de las personas, debía ser más o menos parecida. La realidad es que es harto complicado liberarse del pasado y tener cambios reales y desde la raíz con esos temas. Así que me ha gustado la posición de Hart, en favor de la igualdad y de los derechos humanos y de todos sus trabajadores, a pesar de ganarse la enemistad de sus socios. Quienes pensaban que, como no eran patrios, no importaban. Un pensamiento arcaico, pero que, lamentablemente sigue estando muy presente.

Una consideración diversa también incluso dentro de la propia sociedad británica porque, las mujeres tampoco eran consideradas iguales a los hombres y por eso, a pesar de haber mantenido en buen estado y saneadas las cuentas familiares, ni Anne ni su madre son las herederas familiares. Esto pasa a su primo, el heredero varón más próximo. Quien las fuerza a mudarse desde Mayfair a Ludgate Hill.

Un cambio real y metafórico para Anne que le hace mucho bien. Porque la saca de su zona de confort en todos los aspectos de su vida y le hace ser consciente de otras realidades bien diversas a las suyas. Ni mejor ni peor, solo diferente. Pero sobre todo, le hace darse cuenta de que la diferencia enriquece y no separa y lo que es aún más importante para ella, le rompe los esquemas.

Justo desde ahí se da cuenta de que, está bien tener el control, por supuesto. Porque siempre necesitamos alguien que tome las riendas y se convierta en el líder del grupo. Pero, como todo, en exceso, tampoco es bueno. De ahí que, dejarse llevar y sobre todo, que ceder ese control, por mucho que nos pese y nos cueste, no es algo malo. Al contrario, puede incluso ser considerado un gesto de cariño y de confianza para la otra persona.

Sea en momentos más cotidianos de la vida, como son las riendas de un carruaje, como en el hecho de compartir cómo nos sentimos con los demás. Aliviando así, el peso y la carga que transportamos en silencio. Y que es ese silencio el que provoca que nos hagamos más mal que bien.

Por eso, de Hart he amado la firmeza constante que tiene durante toda la novela. Incluso cuando ella no se portaba bien del todo. Y cómo por eso, ha confirmado que toda roca también merece su tabla de salvación. De ahí que todos sus gestos , bien o mal entendidos, amén como sus palabras porque, tiene varias frases para enmarcar a favor del amor, han provocado que, para sorpresa de nadie, también me enamore de él.

Y es que, hay que dar más segundas oportunidades. Al amor, a la vida y sobre todo, a nosotros mismos. Porque la felicidad llega, si sabemos esperarla. O mejor dicho, reaparece si sabemos hacerle hueco.

Antes de concluir, eso sí, no puedo no comentar que tengo la curiosidad por las nubes al respecto de nuestra Bella. No solo por el hilo argumental que hasta ahora ha tenido, sino porque, finalmente aquí hemos conocido quién va a ser su compañero de vida. Chillando me tienen con esta idea.

La única pega es que hasta junio - lloro fuerte - tendré que esperar para saberlo.

¡No veo el momento!

¡Muchas gracias por el envío del ejemplar!

¡Nos leemos pronto!

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