Éramos inevitables de Inmaculada Jaén
¡Buenas tardes!
La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de una novela que leí en colaboración con la autora, si bien ella dice que no. Que me los envió como un regalo navideño adelantado.
Sin embargo, yo sí que lo considero como así. Y por eso, amén de que, ya conocéis su nombre por estos lares, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de la publicación y por eso, os dejo con la sinopsis y mi opinión de Éramos inevitables, el segundo volumen de la bilogía Apuestas al amor escrito por Inmaculada Jaén.
SINOPSIS
Nos alejamos para protegernos. Pero ni el tiempo, ni la distancia, pudieron con lo inevitable. Irene se fue buscando paz. Gonzalo se quedó cargando con lo que no supo decir.
Ahora, el reencuentro les duele más que la ruptura.
Porque lo que hubo entre ellos nunca fue simple.
Porque lo que sienten… sigue ahí.
Éramos inevitables
Una historia sobre lo que callamos, lo que elegimos… y lo que nos sigue encontrando.
Porque a veces, lo que más intentaste evitar… era justo lo que necesitabas.
OPINIÓN
Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de decir que, si bien es la segunda parte de una bilogía, conviene leerlos en orden. Sobre todo, porque así se entenderá mucho mejor el punto de partida de esta novela, ya que los protagonistas de esta son antiguos secundarios de la anterior. Y además, se fragua todo entre bambalinas.
Junto a ello, también he de decir que sentía mucha curiosidad al respecto de la historia de Gonzalo, porque no fue santo de mi devoción en la novela precedente. Más que nada por la tremenda cagada monumental que realizó. Porque, una de las enseñanzas que nos trajo esa novela es que no se puede ocultar el amor. Y que si alguien lo hace, da la sensación de que se avergüenza de ti. En ese caso, por tanto, es evidente que ahí no es. Y por tanto, hay que huir y poner pies en polvorosa.
Sin embargo, en esta novela queda claro que, toda acción tiene su consecuencia. Junto a ello, además, se nos emplaza también a que antes de juzgar o criticar a alguien, también debemos conocer su propia versión de la historia porque podríamos sorprendernos.
Por eso, el punto de partida es que Gonzalo no vive, sino que en realidad, sobrevive. Porque, los remordimientos le están matando en cierto modo. Así que se emplaza también a que no podemos tampoco regodearnos en la autocompasión. Porque así pasa lo que pasa.
De ahí que, hay que tener una voluntad real de cambio, porque así sí que entonces podrán concedernos más segundas oportunidades. Los demás, y nosotros mismos. Ya que lo sorprendente en su caso, es que no siente un muy buen amor a sí mismo. Y por ahí, como tal, no ha tomado decisiones que le hacen tomar las riendas de su vida y ser feliz, sino que se ha dejado llevar fluir. Pasando así lo que pasa.
Tanto es así que, ni siquiera ha elegido aquella especialidad que realmente le llena. Que es la de pediatría y se ha decantado por urgencias, en cierto modo creo yo para suplir su infelicidad con la adrenalina que le causa y provoca estar en tensión constante en la atención y recepción de pacientes allí.
Pero, Irene tampoco es feliz del todo. Y en este caso, lo hace por causa de su madre.
Entrando de pleno en uno de los tipos de amor de esta novela, el de los miembros de una familia. Que, en su caso, para nada es sano. Y sí bien tóxico, porque su madre no le da la libertad suficiente como para que ella viva su vida como desee. Sino que, la controla, la domina, la amenaza y le mina la autoestima.
Y es cierto que la paternidad es difícil, por ambas partes, pero no podemos permitir que no tengan su vida y se queden pegados a nuestras faldas, porque quien bien te quiere, lo hace libre. Y por eso, hay que saber dejarles ese espacio para que asuman y tomen sus propias decisiones, equivocándose o no al respecto. Porque un error no siempre tiene que ser considerado algo negativo, sino también a veces como una nueva oportunidad para aprender.
E incluso aunque haya errores, tampoco hay que meter el dedo en la llaga, porque las palabras y las acciones hacen el mismo daño. O incluso, aunque no sea algo que nos entusiasme, pero que a los niños sí, hay que saber también mostrar interés y respetar sus gustos.
Y aquí también quiero hacer un inciso y un homenaje a los opositores porque, es una carrera de fondo. Muy complicado por eso, aprobarlas de primera. Y porque, aunque desde fuera pueda no parecerlo, la realidad es que no solo es estudiar. Es mucho más.
De ahí que una de las claves para tener éxito en esa carrera de fondo es, precisamente, la de contar con un círculo de apoyo y un núcleo duro que te apoye y te respete, amén de darte fuerza en esos momentos de flaqueza.
Algo de lo que Irene carece por completo en casa y que por eso, tan poco beneficio le provoca.
Amén de esto, las circunstancias en las que se ha criado provocan que, al final, Irene no se crea digna o a la altura de nada. Y por eso, se conforma con esas migajas de amor e interés. E incluso sentimientos similares con los que se encuentra. Y de ahí que, a posteriori, se entienda mucho mejor por qué se movió entre la incredulidad y el miedo en el libro anterior. Y también se entiende por qué toma la decisión que hace, porque tonta no es. De ahí que, haya que respetarla mucho más.
Sin embargo, las raíces de lo aprehendido son tan profundas que, sin ser muy consciente de ello, ella se comporta así con su novio. Al cual, sinceramente sí que creo que quiera, pero estoy convencida de que no está enamorada de él. Y se ha dejado llevar por la comodidad y por esa falsa sensación de que, alguien está ahí por ella. Ya que en realidad es lo que siempre ha querido.
Así que, en cierto modo, él también me da un poco de pena. Más que nada porque, tampoco se puede obligar a nadie a que nos quiera como nosotros queremos que lo hagan.
Y esto provoca ya que entremos en el tercer amor importante de esta novela, el que ella debe aprender a sentir por sí misma. Porque solo así podrá ser feliz. Y en ese buen amor propio, ha de convencerse de que ella es la prioridad de su vida. Y como tal, su amor más importante. Porque, si no se quiere bien a sí misma, al final no podrá querer bien a los demás.
Así que, aunque a ojos de los demás, puede parecer un poco egoísta, en realidad eso no es otra cosa que un movimiento de lo más coherente y necesario para que sea feliz. Y por eso, se convierte de manera inesperada, en un viaje de autodescubrimiento y autoconocimiento de su protagonista.
Donde, además de eso, aprende que, justo para ello, ha de cerrar círculos y mantener conversaciones que quedaron pendientes. Porque solo hablando se entiende la gente y por eso, aunque pueda parecer dura y difícil, la comunicación siempre irá a la par de la confianza. Y por eso, hay que ponerla en práctica... antes de que los problemas, las discusiones y los malentendidos se hagan más grandes. Y a su vez, que la ruptura sea permanente.
Un aspecto, el de la confianza, que ha sido interesante leer y ver desde la perspectiva de la otra pareja. Dando así una idea mucho más clara y evidente de lo difícil que es el proceso.
Aunque, me ha gustado que, de los dos, nuevamente el inseguro sea él, y que recele del editor. Porque sí, se puede sentir atracción hacia una persona, pero si quieres y estás enamorado de tu pareja, le respetas. Y no hay riesgo de que suceda nada. Por eso, está bien que se lo explique y que remen a la par. Más que nada porque es una idea que nos cuesta entender o aceptar... cuando no debería ser así.
Pero, vuelvo a Irene y Gonzalo porque, en realidad, su historia es la de dos personas que se atrajeron estando en momentos diferentes de sus vidas y, que por tanto, no era ni su momento, ni su lugar. Por eso, el amor es paciente, cambiante y sabe encontrar momento y lugar. Por eso es también inevitable y sacará la mejor versión de nosotros mismos.
Paso a paso, sin ponerse etiquetas o nombres y demostrando que, es el cotidiano donde realmente se conoce a una persona y que las palabras gustan, sí, pero tampoco hay que olvidar que los pequeños gestos también enamoran.
¡Muchas gracias por el envío del ejemplar!
¡Nos leemos pronto!

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