Manos frías (bilogía Templanza 1) de Lidia Gavara
¡Buenas tardes!
La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de una novela que leí en colaboración con la autora, a quien le agradezco el ejemplar en físico. Pero sobre todo, la confianza en mí nuevamente para que le dé mis impresiones acerca de su novela.
Y en este caso además en concreto he de decir que, si bien es repetición de colaboración, la realidad es que también puede considerarse novedad porque, el género es completamente diferente. Ya que es nada más y menos que un romance histórico.
Por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de la publicación y por eso, prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de Manos frías, el primer volumen de la serie Templaza de Lidia Gavara por si no la conocíais.
SINOPSIS
El verano ha llegado a la campiña inglesa, y con él, la invitación al baile anual de la duquesa de Bibury.Entre sus invitados, Arthur y Lilian, hermanos a cargo de los maltrechos restos de la familia Stratford, se ven obligados a acudir para buscar una oferta matrimonial con la que prosperar de forma alguna.
Lo que ninguno espera es una propuesta de manos de la duquesa. Una que los obligará a navegar entre las aguas de la alta sociedad inglesa, donde el amor, el placer, las tretas y engaños marcaran un punto y aparte en sus vidas.
OPINIÓN
Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de decir que, si bien pertenece a una bilogía, la realidad es que es autoconclusiva y tiene final cerrado. Y que, aunque nos centramos en Arthur, la realidad es que la subtrama de Lilian también tiene mucho peso y la deja por tanto, perfectamente encauzada para que sea la protagonista del próximo volumen.
He de decir que, esta novela ha sido una sorpresa de lo más agradable. Porque, si bien es cierto que el romance de Regencia e histórico está entre mis géneros preferidos, la realidad es que he de confesar que han sido muy escasas las ocasiones en las he leído un romance homosexual en la época. Lo cual, confirma una vez más eso que he dicho anteriormente de la literatura; la de que es algo que trasciende un mero entretenimiento o hobby, sino que además también es un arma y un instrumento de denuncia y de apertura de ojos de aquellos aspectos de la sociedad que son más desconocidos.
Porque, si a día de hoy, han de enfrentarse a incontables e innumerables reacciones desfavorables acerca de la elección de la persona amada, en aquel momento histórico donde la perpetuación del linaje era el motivo base por el cual se producían matrimonios, el hecho de enamorarse... era un lujo.
Aunque, siendo completamente sinceros, esta novela es también introductoria. De la familia Stratford y sus componentes, sirviendo además de presentación y descripción de cómo era la sociedad en la época. Especialmente dependiendo de la edad que se tenía. Siendo también muy crítica con ella, ya que uno de los temas que subyace a lo largo y ancho de la novela es el hecho del juego de las apariencias, públicas y privadas y sobre todo, cómo estas engañan. Así que, antes de criticar o juzgar, debemos saber todas las partes de la historia, porque podríamos sorprendernos.
Pero, antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de decir que el título es muy inteligente y que es solo a posteriori, una vez se termina la novela, cuando realmente se entiende que las manos frías hace alusión a Arthur, a los guantes que lleva y a su necesidad de ser amado y tocado. Por ser quien es. Tal cual, con sus virtudes y con sus defectos. Incluso debilidades, aunque es es un aspecto relativo, porque queda demostrado que la verdadera fortaleza de una persona no se asocia a un cuerpo determinado, sino a la fortaleza mental.
Y eso es algo que todos merecemos experimentar en nuestras vidas, claro que sí.
Entrando ya en materia de reseña, he de decir que se aprecia perfectamente bien que la autora es una amante de Jane Austen, porque la radiografía que hace de la familia protagonista y sobre todo, los momentos de intimidad y cotidianidad en alguna ocasión me han recordado a los Bennet.
Y ahí entra de pleno también el hecho de pasar tiempo en Bath - otro escenario recurrente de las novelas de la autora - junto con su tía Lou. Una mujer de la cual, he de confesar, que siento mucha curiosidad y de la que creo que también merece su propia novela.
Y es que son una familia atípica, emparentados con la nobleza de manera lejana y donde, un duelo mal gestionado por parte del padre, provoca que el resto de sus hijos tenga que madurar y crecer antes de tiempo. E incluso atribuirse una serie de atribuciones que no les corresponderían.
De ahí que, esto sirva para advertir del tremendo impacto, positivo o negativo que el amor puede tener en nuestras vidas. Advirtiéndonos de que sí, el duelo es importante, pero no podemos vivir eternamente en él, porque ahí ya no vivimos, sino que sobrevivimos. Y porque toda acción o inacción tiene su consecuencia, ya que el ser humano no es aislado por naturaleza.
Como a Arthur, el cabeza de familia, sobre el cual penden el resto de destinos de los hermanos y su posibilidad de éxito o triunfo - que no felicidad - y por eso, ha de posponer su trabajo como médico en aras de que sus hermanas menores tengan una buena presentación en sociedad, dejándose atrás como prioridad. Aunque, en lo que a profesión se refiere, he de decir que no ha podido venir mejor para Daniel, puesto que necesita de alguien que le cure interna y externamente.
Su premisa de inicio es interesante porque, al trabajar, ya se pone de relieve cómo la sociedad estaba cambiando y cómo, pronto no iba a quedar de otra que tomar soluciones en cierto modo, desesperadas con tal de salvar a la familia. Como emparentar con herederas americanas para salvar las deudas o... tomarse más en serio maneras y modos de vivir más burgueses como era el hecho de tener un trabajo.
Y Lilian, con la que tiene una relación fraternal que es una pura maravilla también comparte parte de ese sacrificio, como hermana mayor. Y por tanto, como punto de referencia acerca de decoro y de cómo comportarse, así como para granjearse un buen marido. Porque ella, ya es viuda y ya es respetable, pero al mismo tiempo, también considera que su tiempo para ser feliz ya pasó. A pesar de que no fue feliz del todo en lo que a mieles del amor se refiere. Y es triste, aunque el paralelismo entre los hermanos, es así más apreciable.
De ahí que, también se sacrifica, en este caso con resignación y entra de pleno en un juego de apariencias - en cierto modo, coaccionada como Arthur - con la duquesa de Bibury.
Porque ambos saben de primera mano que la libertad para ser, y sobre todo, para amar, es algo bien difícil de conseguir. Y dado que ellos no han podido experimentarlo al cien por cien sí que quieren que las tres que faltan - siendo Cecily la más inmediata -.
Un juego del que pretenden huir del amor, cuando de este sentimiento, es imposible huir o escapar. Y donde, por eso mismo, vuelve a quedar más demostrado más que bien que, en más de un caso, las buenas intenciones están llenas de daño. Si bien es cierto que hay buenas intenciones y buenas intenciones disfrazadas de egoísmo que flaco favor nos hacen.
Esta duquesa es una gran matrona de la sociedad y por eso, sus amistades sinceras son, en realidad, bastante pocas. Pero, sin embargo, todo el mundo quiere y desea relacionarse con ella en aras de protagonismo, importancia o incluso, éxito social. Y gracias a familias como los Carrington y a la deriva de acontecimientos, se sabe que al final, todos y cada uno de nosotros quedamos retratados, porque la verdad termina cayendo por su peso. Y por ahí, vemos que no hemos cambiado mucho a pesar del tiempo transcurrido porque, el amor por el éxito o el dinero puede llegar a ser tan tóxico que, estamos dispuestos a hacer de todo, con tal de conseguirlo y sobre todo, mantenerlo durante el mayor tiempo posible. Lo cual es muy triste porque nos hace perder nuestra riqueza interior.
Eso sí, hay una cosa que es innegable para con la mujer. Y es que es una buena madre... a su manera. Y por eso, toma decisiones y se entromete en las vidas de sus hijos, creyendo que así actúa de la mejor manera y modo para con ellos. Y ahí está su error, porque no respeta su intimidad y su libertad. Lo cual es básico para ser un buen padre, aunque sí que es cierto que, en más de una ocasión, marcar la diferencia entre preocupación y atosigar es más fácil de difuminar de lo que pensamos.
En este caso, quien sufre esto de pleno es su hijo Daniel, el pequeño. Quien tiene una salud frágil y que así, enfatiza ese ser "débil" y un hombre atípico acorde a los estándares de la sociedad. Y que además, guarda un secreto acorde a una reivindicación a favor de la literatura romántica que es más que necesario. Ya que, nuevamente, vemos que, a pesar del tiempo que pasa también hay temas y aspectos que no han cambiado y que requieren aún hoy un arduo trabajo detrás.
Porque, la novela romántica es un género igual de válido que el resto. Y sobre todo, que hay que saber respetar los gustos literarios de cada uno. Así que, independientemente de si somos hombre o mujer tenemos que leer, siempre. Y sobre todo, leer aquellos que no haga felices.
Pero no es débil, al contrario. Tiene su carácter y me ha encantado ver cómo lo saca a relucir según los temas que defiende y de lo que es un fiel creyente. Como su concepto del amor. Sabe, se conoce perfectamente y por eso, no ama a las mujeres del modo en que la sociedad intenta imponerle, así que en ese sentido es un personaje con otra capa aún más interesante.
Y por eso, no esperaba este friends to lovers con Arthur con tintes de primeros amores no olvidados. Que además de eso, añade un paralelismo de lo más bien traído entre la inspiración de la que Daniel se alimenta para sus historias y el amor, que puede aparecer dónde, cuándo y con quien menos se le espera. E incluso reaparecer para sacar la mejor versión de nosotros mismos y ser nuestra fortaleza en momentos de flaqueza.
Aunque, si me han gustado esta par así de bonito, la de Lilian y Albert también se ha granjeado un huequito en mi corazón. Sobre todo porque, en su caso, al extra de creer que su momento para el amor ha pasado, la realidad es que vuelve a demostrarse que toda mentira tiene su parte de verdad.
Así que, esta historia de ideas preconcebidas y de amor cocido a fuego lento entre bambalinas ha sido fantástica.
Sobre todo, porque yo misma he tenido que aplicarme el cuento con Albert. Y es que, su apariencia de hombre disoluto y libertino esconde en realidad un profundo dolor por un amor no superado. Y sobre todo, un sentimiento de culpa y culpabilidad que aún le pesa. Arrastrando secuelas psicológicas y físicas. Hasta el punto tal de que no se considera digno de ser amado y se adormece a propósito con tal de proteger a su hermano, para que él sí que tenga su oportunidad de ser feliz.
Sin embargo, es un hombre que, a pesar de su secretismo ya me tiene medio conquistada y con unas expectativas muy altas al respecto de cómo tiene que terminar de apagar los numerosos incendios que ha de apagar. Porque, eso sí, merece su momento.
O mejor dicho, merecen su momento ahora que ya están libres de cadenas y ya están puestas todas las cartas sobre la mesa, amén de librarse de todas aquellas personas que no aportan nada a su vida y que las ensombrecen.
Por todo eso, no veo el momento de que llegue el mes de amor para poder vivir su historia tan intensamente como merecen. No en vano, no se llama Manos cálidas en vano, imagino.
De nuevo Lidia, mi más sincera enhorabuena porque, he disfrutado enormemente de inicio a fin de tu pedazo de novela. Y la espera se me va a hacer... muuuy larga aún.
¡Muchas gracias por querer colaborar conmigo!
¡Nos leemos pronto!

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