La mujer del cabaret de Lola Vega
¡Buenas tardes!
La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de un libro que leí en colaboración con la autora,
a quien agradezco el envío del ejemplar y sobre todo, la confianza en mí para que vuelva a darle mis impresiones sobre su nueva novela.
a quien agradezco el envío del ejemplar y sobre todo, la confianza en mí para que vuelva a darle mis impresiones sobre su nueva novela.
Por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de esta publicación y por eso, prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de La mujer del cabaret de Lola Vega.
SINOPSIS
La mujer del cabaret es un thriller emocional, sobre secretos, decisiones imposibles y el precio de sobrevivir cuando todo se rompe.
París. Un cabaret. Una noche que lo cambió todo. El escenario, las luces, los secretos.
Nadie hacía preguntas. Nadie miraba demasiado. Hasta que algo ocurrió, un hecho imposible de borrar.
La decisión de huir dejó atrás mucho más que un pasado.
Años después, alguien regresa. Y con él… las preguntas. Las dudas.
Una verdad que nunca debió salir a la luz. Porque hay historias que no terminan, solo esperan el momento de volver.
OPINIÓN
Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de deciros que, la novela anterior de la autora destrozó mi corazón y me hizo sentir muchísima pena. Así que iba con miedo, incertidumbre y sobre todo, mucho interés por saber si la experiencia iba a ser similar o no.
Y he de decir que, en parte sí, y en parte no. Porque hay un paralelismo ya que ambas novelas están protagonizadas por mujeres con vidas difíciles, solo que en esta, dado el contexto histórico inicial de la misma, también se aprovecha para hacer un pequeño viaje en el tiempo en el contexto europeo desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días y que así, el lector no olvide la historia, aunque sea reciente. Y sobre todo, que aprecie mucho mejor cómo hemos cambiando y evolucionando en lo que vidas cotidianas se refiere.
En este caso, vamos a conocer la historia de Elise, una mujer francesa joven a la que le toca vivir en el contexto de entreguerras en la Europa del siglo XIX. Una superviviente de su época, a la que ha de sumar el hándicap de belleza y juventud. Lo cual provoca por tanto, que no lo vaya a tener nada fácil.
Y por ese mismo motivo, el lector tiene que tener como premisa inicial que, a veces, no va a estar de acuerdo con algunas de las decisiones que toma. Porque toda acción tiene su consecuencia. Pero, conviene que seamos en ocasiones más benevolentes, ya que en más de un caso, estas se toman por causa de las circunstancias. De ahí que, la supervivencia es extrema y hostil y puede sacar lo mejor y peor de todos y cada uno de nosotros.
Lo que queda claro es que, en contexto bélicos y a posteriori, las mujeres seguimos siendo las víctimas preferidas por aquello del sexo débil y quienes solemos sufrir más sus consecuencias.
De ahí que el tráfico y la violencia nos acompañen desde que el mundo es mundo, como modos y maneras de demostrar su superioridad y fortaleza frente a otros.
Y al final, las consecuencias de esta violencia no querida, deseada y en la que no hemos participado, las recibimos nosotras. Directa o indirecta en forma de mala fama.
Porque, por ejemplo, entra a trabajar en un cabaret. donde la fama de las chicas que allí trabajan es pero que la de mujeres que allí bailan y entretienen. Y así se nos recuerda que todos los trabajos son igual de válidos e importantes. No importa la cualificación necesaria para su desempeño.
Pero la historia de Elise es la de las personas y sobre todo, hombres que se va encontrando en la vida.
Y por eso, con el primer hombre con el que se ve forzada a compartir intimidad entiende de pleno su dura realidad y que el amor duele. De ahí que, sin querer ejercer de abogada del diablo, entiendo las decisiones que toma para con Jean. Por duro que sea, no le viene bien a ella misma por el trauma que lleva asociado y, lo que es más importante, no va a ser capaz de sacarlo adelante con una vida digna.
Y esto, por chocante que nos pueda parecer ocurría muy a menudo hasta no hace demasiado. Por eso, cuando veías que no podías hacerte cargo de una familia, te asegurabas de encontrar la mejor solución para ella. Y sabe que Claudia es la oración a sus plegarias.
Amén de que Claudia introduce dos temas importantes en la novela: lo importante de la sororidad femenina y de que seamos más aliadas que enemigas para que el mundo funcione mejor. Y aún más importante es que tenemos que aprender más de la sabiduría de los mayores, porque sus experiencias vitales pueden sernos muy útiles para aplicárnoslas.
El segundo hombre de su vida es Paul, en Nueva Orleans. Incidiendo así mucho mejor en la sensación de viaje. Y sobre todo, porque ahora vuelve a relacionarse con un cabaret, demostrando que, a pesar de todo lo vivido, no fue malo, ya que si no, no querría volver a él. Pero ahora es la duela y propietaria del mismo.
Y por eso, se refleja muy bien lo difícil que es ser un buen jefe. Y, a su vez, que solo que ha comenzado desde abajo y en condiciones laborales muy duras, sabe perfectamente qué es lo que quiere y qué es lo que no desea en un buen ambiente laboral.
Su relación con Paul pone de relieve que, si bien es cierto que el amor aparece dónde, cuándo y con quién menos se le espera... la realidad es que, a veces, las circunstancias no son las mejores. Y que, si por amar a alguien se hace daño a más personas... quizás no convenga tanto aventurarse en ese camino. Porque, de nuevo, toda acción tiene su consecuencia y ella, de nuevo, es quien vuelve a salir peor parada.
Pero, la vida es evolución y por eso, la misma situación dependiendo de la edad, las circunstancias o el propio momento vital en el que nos encontremos van a influir y provocar que los veamos con unos y otros ojos. Amén de que, con la decisión de ser madre, demuestra que una mujer no es menos que otra por decidir si ser o no y cuándo. Porque se puede cambiar de opinión sin que tenga que ser considerado un síntoma de debilidad o hecho de crítica.
Y por último llega el enigmático Marcel ya que, es tan cerrado que no comparte nada de sí mismo y por ahí juega con el lector acerca de la moralidad gris y de quién puede tratarse en realidad. Y que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Como agarrarse a un gris cuando el panorama es negro.
Por eso, he de decir que me hubiera gustado saber más de él, ya que tienen mucho tiempo para poner las cartas sobre la mesa y quizás, así, sí que se hubiera entendido mucho mejor su arco argumental, los sentimientos hacia ella y cómo, a pesar de que sabe que está, en realidad no lo está del todo. Sin embargo, aunque plantea un panorama en cierto modo desolador, la realidad es que han encontrado su propio modo de felicidad. Y de acompañarse mutuamente, puesto que la soledad es uno de los grandes males de nuestra sociedad.
Una última cosa por tanto, al respecto de esto es que la paternidad es difícil, pero se hace, y no se nace. Y por eso, todas las ideas de familias, si hay amor sano, son válidas. Pero, no hay que compararlas o idealizarlas porque así es dónde aparecen las tristezas y los enfados vitales.
En ese sentido, me ha gustado que el pasado de Elise vuelva y termine por colocar cada cosa en su sitio y sobre todo, dé opciones a mantener conversaciones que, al no ser pronunciadas nunca, han creado un enquistamiento que sirve para poner de relieve la importancia de la comunicación y sobre todo, escuchar las dos versiones de una historia antes de ponerse a jugar y criticar. Porque podríamos sorprendernos.
Y por eso, el final de la novela es realista si bien no del todo feliz. Porque Elise consigue tener la conciencia tranquila, aunque sea imperfecta.
¡Muchas gracias por querer colaborar conmigo!
¡Nos leemos pronto!
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