Tierra de vino y sal de Melisa Franco
¡Buenas tardes!´
La entrada del blog está dedicada a la opinión de una novela que leí en colaboración con Ediciones Versátil, a quienes agradezco el envío del ejemplar. Y sobre todo, la confianza en mí nuevamente.
Además, en este caso puedo conocer la pluma de una nueva autora, acción que me encanta realizar. Más en esta ocasión porque... madre mía, en cuanto vi que era un retelling de Persuasión supe que tenía que leerlo. A pesar del miedo y a que fuera posible que las expectativas para con la obra original no fueran alcanzadas. Porque, como todos sabemos, en nuestras cabezas, las cosas quedan preciosas y también, las comparaciones son odiosas.
Por eso, no os voy a desvelar si me ha gustado o no, y prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de Tierra de vino y sal escrito por Melisa Franco.
SINOPSIS
Emilia es nieta del fallecido don Bernardo Espinosa, un importante vinatero afincado en Chiclana que ha legado a su familia un cuantioso patrimonio en forma de palacetes, viñedos y bodega, pero también una carga que no todos están dispuestos a asumir. Como joven dama de su clase, su destino fue trazado desde el nacimiento. Sin embargo, Emilia no es una señorita sumisa y se resiste a aceptar el marido que quieren imponerle. Álvaro Alcázar, sobrino del antiguo capataz de la finca Espinosa, ha abandonado sus estudios en el colegio sacerdotal para convertirse en vendimiador. Pero un hombre culto como él alberga aspiraciones y anhelos muy distintos de los que se esperan de alguien de su condición. Cuando las vidas de Emilia y Álvaro se crucen, ambos tendrán que enfrentarse a las diferencias de clase, a las expectativas de sus familias y a un mundo en el que apartarse del destino marcado tiene un precio muy alto. Con una excepcional ambientación histórica, Tierra de vino y sal nos sumerge en la Chiclana bodeguera del siglo XIX para ofrecernos una poderosa reinterpretación de Persuasión, de Jane Austen, entre viñedos, salinas, secretos familiares y tensiones sociales.
OPINIÓN
Antes de comenzar propiamente dicha, he de decir un comentario. Se nota perfectamente bien cuando una autora es seguidora y lectora habitual de la obra en la que se ha inspirado. Más en un clásico como este.
Porque, las referencias, menciones e inspiraciones en Jane Austen no solo se encuentran en Persuasión - y por ahí muy fan del personaje de Mary Anne Elliot - sino que también, le veo cierta reminiscencia a Orgullo y Prejuicio, la cual es también siempre bien. E incluso, al final de la misma, de Sanditon, la menos conocida de las obras, precisamente por estar inacabada.
Pero, y he ahí mi sorpresa, la enorme influencia de El conde de Montecristo de Dumas. Aspecto que, personalmente, me encantó. Y sobre todo, porque es una inclusión e inspiración ejecutada de un modo y manera muy inteligente, a mi parecer. Permitiendo así entender mucho mejor el arco argumental de Álvaro.
Y sin embargo, al ambientarla en Cádiz, mucho más concretamente en Chiclana, le da ese toque andaluz y español que la original no posee y que por tanto, permite diferenciarlas de una manera clara. Y a su vez, también recuerda a estas series de sobremesa que algunos canales de televisión emiten.
Porque no solo se centran en la historia de amor de Emilia y de Álvaro, que también. Es más, ese primer amor lleno desarrollado en la adolescencia y que por tanto, está lleno de amor, ternura, de idealismo, capaz de superar todo y a todos es algo de lo que adolece la historia de la novela de la autora británica y que, en mi opinión, da más empaque - y dramatismo o pena incluso - una vez se produce el reencuentro diez años después. Y por tanto permite ahondar mucho mejor en la psique de ambos personajes.
Sino que sus circunstancias personales y como pareja permiten desarrollar otros temas, tramas y temas que son dignos de ser analizados con más profundidad. Como por ejemplo, el del cultivo del vino y en cómo, en más de una ocasión, los señoritos y grandes propietarios latifundistas conocían poco o nada de los cuidados que sus cosechas necesitaban, las cuales eran la fuente de su riqueza.
Pero, además de eso, la ambientación es muy digna de la época en la que transcurre y no solo por ser finales del XIX, sino por todo lo acontecido anteriormente, ya que, aunque breve, la presencia de los franceses y los ecos del liberalismo que portaron consigo, dejaron un poso bastante potente como para comenzar a apreciar los primeros pasos en aras a una sociedad más avanzada y liberal.
En la que burguesía comienza a adquirir importancia socialmente hablando, pero en la que, al mismo tiempo, romper con historias y tradiciones que llevan mucho más tiempo entre nosotros... no es tan sencillo como pudiera parecer. De ahí que, para ser considerados alguien en la vida, lo más importante era emparentar con la nobleza y tener títulos además de dinero.
Como bien refleja el primo de Emilia en su matrimonio con la Condesita y como bien pretende conseguir Álvaro, movido por un falso sentimiento de venganza y/o envidia, el cual esconde en realidad un amor que nunca jamás fue olvidado.
Poniendo así de relieve, una vez más, ese movimiento entre dos aguas también, porque hasta no hace demasiado tiempo, los matrimonios entre según qué estamentos, no se producían por amor. Sino por conveniencia. El amor era lo raro. Y por eso, el padre de las mujeres Espinosa es un tanto loco o outsider al querer que sus hijas se casen por amor.
Y este concepto de matrimonio lo que también generaba como consecuencia era el hecho de que a las mujeres se les diera un valor de accesorio y más que por su belleza que por su intelecto. De ahí que tampoco estaba bien visto que combinara ambas cosas. Y por ese mismo motivo, cuando diez años después, Emilia se ha refugiado en sus letras y en sus tertulias femeninas para animar así el libre desarrollo e "independencia" de las mujeres, sufre las mieles del ostracismo en cierto modo, olvidando lo otrora bellísima que fue considerada.
Pero, por eso me gusta Álvaro como protagonista, porque al contrario que el primo que no la quiere bien, sino que la asfixia y no desea que sea ella misma al cien por cien, Álvaro nunca le cortó las alas. Al contrario, la anima y el hecho de que fuera inteligente pero que eso no la eximiera de seguir queriendo saber más sobre temas y actividades que no conocía le resultaban también tremendamente atractivos e interesantes. Y es que ambos saben del poder de las palabras y que la cultura también puede ser un motor muy importante para el desarrollo de una sociedad.
Precisamente es el poder de las palabras el que tiene también unas consecuencias nefastas para ellos, ya que, a la hora de pedir consejo y opinión se ha de tener en cuenta a quién se lo pedimos. Pero sobre todo, las propias circunstancias de ese otro. Ya que estas influirán muy y mucho a la hora de decir una cosa o la otra. Y por ahí, el giro de Elliot ha sido fantástico.
Y sin dejar de hablar de amor, la autora da opción a que el lector recuerde que hay diferentes tipos de amor. Y que a veces, aunque suene triste, el mero hecho de sentirse en compañía ya es estímulo suficiente como para que sea la raíz y brote el sentimiento.
Pero sobre todo, también da hueco a la representatividad y hace ver que, el tema de que haya personas que se enamoren de otras con su mismo sexo no es nada nuevo. Ha existido casi desde que el mundo es mundo. Y por eso, aunque se han dado muchos pasos adelante, conviene recordar que, hasta no hace demasiado, muchas de esas historias no podían desarrollarse ni vivirse en libertad plena y absoluta. Y ese impedimento podría provocar sentimientos negativos que, mal gestionados, derivaban en consecuencias bastante serias para todos.
Por eso, si bien no empatizo con el villano, sí que es cierto que, antes de juzgar tenemos que conocer las circunstancias y la historia al completo porque, podríamos sorprendernos. Más que nada, porque todos, sin excepción, hemos sido el villano en la historia de otra persona.
Otro de los motivos por los cuales esta obra me ha gustado tanto es porque, se trata un paralelismo de lo más cierto e interesante entre el devenir de la historia de los Espinosa de los Monteros y de España, la cual en aquel momento ya solo conservaba dos de las colonias que formaban parte de ese enorme imperio en el que nunca se ponía el sol. Y si os fijáis, tanto una palabra como la otra empiezan de la misma manera.
Y por último, no puedo no hacer mención por supuesto, a la historia de amor entre Álvaro y Emilia, porque es muy introspectiva, como debe ser ya que ambos lidian - y en ocasiones, no de la mejor manera - con las consecuencias de las acciones y decisiones tomadas en el pasado. De ahí que, aunque adultos hechos y derechos, en alguna ocasión que otra también son esos jovencitos a quienes les truncaron la ocasión de ser felices. Y por eso, hay momentos de celos, inmadurez y precipitación perfectamente entendibles que, en ocasiones incluso, aligeran la carga dramática de la novela.
Así, por ejemplo el tema de la feria y de cómo ella decide vestir un traje de flamenca a pesar del qué dirán - junto a todo lo que allí acontece - me gustó mucho. Y como digo, le da ese toque personal a la obra de la autora a la hora de diferenciarla de la inspiración original.
Una historia que, por supuesto, es de primeros amores y de segundas oportunidades. Porque su amor, al igual que ellos, evoluciona, pero no se olvida. Y ha quedado muy arraigado a la tierra que lo vio nacer. Por eso, además, como a posteriori se dan cuenta de los fallos e imprudencias cometidas en esa primera ocasión, ponen - con más o menos esfuerzo - de su buena voluntad y empeño para que no decidan echar sal a sus heridas. Al contrario para que, regado con el agua necesaria, vuelva a brotar como una nueva oportunidad. Porque se recoge lo que se cosecha.
Y porque, incluso en las circunstancias más aciagas donde solo hay ruinas, el amor puede ser la fuerza que te haga renacer. Y ser felices. Por eso requiere paciencia y esfuerzo. La recompensa merecerá la pena.
Hacía tiempo que no decía esta frase. Y es cierto que, ya me conocéis y que no suelo valorar mis lecturas con estrellas. Pero, si tuviera que hacerlo... esta, sin duda serían cinco estrellas.
Recomendadísimo, claro que sí.
Sabía que iba a tener un buen pálpito cuando la leí.
¡Muchas gracias a la editorial por enviármela!
¡Nos leemos pronto!

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