Juego sucio de Ariana V. Andrews

¡Buenas tardes!

La entrada del blog de hoy está dedicada a la opinión de una novela que leí en colaboración con la 
autora, a quien le agradezco el envío del ejemplar en físico. Pero sobre todo, que haya vuelto a confiar en mí para que le comparta mis impresiones de sus novelas.

No es la primera vez que la leo, por tanto. Y por eso, no me voy a entretener mucho más en la parte introductoria de esta publicación y por eso, prefiero dejaros con la sinopsis y mi opinión de Juego sucio escrito por Ariana V. Andrews.

SINOPSIS

Los jugadores de rugby son unos gorilas. No hace falta disimularlo. Son los más fuertes, los más bestias, los de mayor resistencia, los más cabezotas del planeta y, sin lugar a dudas, los peores gestores de riesgo físico y emocional de la historia del deporte.

Adara Serra, en cambio, valora mucho sus huesos, sus neuronas y su tranquilidad, por eso tiene tres normas claras:No trabajar con neozelandeses.
No limpiar la imagen de nadie acusado de dopaje.
No relacionarse con el hombre que arruinó la carrera de su padre.


Con las dos primeras va regular. Con la tercera está a punto de suspender con nota.

Adara se ha hecho un nombre limpiando la reputación de deportistas que meten la pata. Sabe cómo apagar incendios, cómo fabricar disculpas perfectas y cómo hacer que el público olvide casi cualquier cosa.

Casi.

Sean Gallagher llega desde Nueva Zelanda como el fichaje estrella del Madrid Titanes, como promesa para revolucionar el rugby español. Capitán, contrato obsceno, campañas de publicidad por todas partes… hasta que un positivo en un control deja su carrera a un paso de la patada definitiva.

Y él decide que la única capaz de salvar su carrera es ella. Adara.

Ella acepta, pero lo que realmente desearía es verlo caer en el mismo infierno que él le regaló a su padre.

Lo que ninguno de los dos espera es que la mejor estrategia para salvar su imagen implique fingir que están juntos.

«Solo hasta que pase el escándalo», dicen.
«Solo hasta que descubra la verdad», se dice ella.

Un par de cenas, alguna foto cogidos de la mano, entrevistas en las que Adara jura que confía en él. Una relación de mentira para arreglar la carrera de un hombre al que odia. Fácil.

Hasta que dejan de sonar los micrófonos.
Hasta que las noches de repasar titulares se vuelven demasiado largas.
Hasta que Adara empieza a traicionarse a sí misma.

¿Y si en este juego la única que no está jugando limpio… es ella?

OPINIÓN

Antes de comenzar con la opinión propiamente dicha, he de decir que, si bien no es la primera vez que leo a la autora, sí que he de decir que, como es su primera incursión en el mundo del sport romance... es como sí que lo hiciera la primera vez.

Y como persona que no tiene ni idea de rugby, agradecí enormemente el vocabulario técnico y los comentarios básicos sobre las reglas del mismo. Y es que puede parecer ilógico, pero existen personas a las que nos encantan los deportes sin que seamos especialmente ágiles en ellos. Y nos gusta saber qué ocurre para entenderlo todo mejor en la medida de los posible.

Además, por increíble que pueda parecer son numerosos los sport romances donde, en ocasiones no se narran partidos, lo cual en mi opinión no lo hacen un romance deportivo pleno. Pero, si se incluye, al tener todo ese conocimiento previo, por mínimo que sea, se vive con mucha más intensidad.

Por eso, en Juego sucio vamos a conocer cómo Adara y Sean - en este caso, de verdad - y por eso, se enamoran irremediablemente.

Y digo de verdad, porque sus vidas habían orbitado durante mucho tiempo y por eso, quiénes son en la actualidad es fruto de lo que aconteció anteriormente. Y por eso, uno de los mensajes que deja claro esta historia es que, antes de juzgar o criticar a los demás, hemos de conocer todas las versiones de la misma, porque podríamos sorprendernos.

Pero, a su vez, que toda acción tiene su consecuencia. Y lo que es más serio o grave, que en ocasiones, esas consecuencias no solo nos afectan a nosotros mismos, sino a quienes están a nuestro alrededor.

Interesante ha sido la inclusión del manejo de la presión y la salud mental de los deportistas profesionales. Pero no fuera del campo haciendo alusión a su mayor o menor falta de privacidad. No. Hablamos de presión por llegar a la cima, y sobre todo, por mantenerse como deportista de élite. Porque la competencia es también feroz. Y la fama es también muy efímera. De ahí que, abandonarla de golpe, no es fácil de aceptar ni de gestionar.

Menos en ambientes deportivos masculinos porque, la sombra de la masculinidad frágil es alargada y aún hoy parece ser percibido como un síntoma de debilidad. E incluso como un punto flaco para atacar sin piedad. Incidiendo así en el poder y el daño que pueden hacer las palabras.

Por eso es tan necesaria la presencia de un psicólogo deportivo que les ayude y les acompañe en el proceso, para facilitarles el cómo sobrellevar situaciones complejas como esas. Y sobre todo, que les recuerde que antes de deportistas son seres humanos y que, como tales, son imperfectos, así que, aunque les cueste aceptarlo en mayor o menor grado... la perfección no existe, todos nos equivocamos y hay partidos en los que nos irá mejor o peor.

Y además de eso, que un único error no tiene por qué definirnos para siempre. Más si cuando no depende únicamente de nosotros.

Aunque esa idea de perfección está también muy presente en Adara, una femme fatale de los negocios, por la profesión que tiene - arregla los desaguisados provocados por deportistas - y por estar rodeada de hombres. De ahí que tiene que mantener una distancia y una imagen de imperturbabilidad e infranqueabilidad... a riesgo de que se la coman viva. Más siendo la hija de quien es.

Poniendo así de relieve cómo a las mujeres tenemos que esforzarnos el doble o el triple que nuestros colegas masculinos para ser consideradas igual de válidas que ellos. E incluso, sin estar implicadas directamente en un escándalo, también somos nosotras quienes sufrimos las consecuencias de los fallos cometidos por otros. Lo cual es agotador.

Y por eso, tras esa capa de hielo, ella lo único que desea es que alguien la vea más allá y sobre todo, a quien recurrir cuando necesite derrumbarse. Porque todos lo necesitamos. Amén de que, en su caso, como suele ocurrir también de manera recurrente, las apariencias engañan y, tas esa imagen de hielo, se esconde una mujer cercana, cálida, fuerte... pero con bastante inseguridad acerca de sí misma. Hasta el punto tal de que no se considera digna de ser amada. Cuando todos lo somos. Y por eso, huye de las relaciones y de forjar vínculos sentimentales duraderos.

Eso sí, no cuenta con que la vida le ponga de frente a quien fue el responsable - público y visible, al menos - de que lo perdieran todos y que ella sea la mujer que es hoy; Sean Gallagher, quien en lo que a temas de gestionar y controlar también está bastante puesto porque, siendo capitán de rugby y deportista de élite, ha de ponerlo en práctica.

Y por eso, su aparente máscara de inalterabilidad se tambalea con ella. Puesto que tiene en sus manos su futuro vital y profesional. Por eso, el juego inicial se plantea muy interesante entre ambos. Más que nada porque han de pasar mucho tiempo juntos y por eso, esas apariencias e imágenes preconcebidas se van resquebrajando... hasta el punto tal de que la línea entre profesional - y por ende, relación laboral - y personal comienza a difuminarse entrando en un juego peligroso que demuestra que toda mentira tiene su base de verdad y sobre todo, que todos somos villanos en la historia de otra persona en algún momento de nuestras vidas.

De ahí que haya que escuchar todas las versiones de la historia antes de juzgar. Y por eso, me ha gustado mucho Adara, porque, aunque pudiera llevarse por el rencor o el resentimiento, la realidad es que da el don de la oportunidad a que se explique. Más cuando parece que la historia parece repetirse y, sin embargo, a más se ahonda en la investigación y se implica en el caso, más claro queda que su padre era el culpable.

Por eso, la idea de perfección que nos creamos acerca de una persona siempre conlleva sinsabores, ya que al caerla del pedestal - más si son cercanos a nosotros - la desilusión y el golpe que provocan no son siempre fáciles de gestionar.

En lo que a su historia de amor, he de decir que, inicialmente él también, en cierto modo se siente responsable y culpable de las consecuencias de todo. Pero, aun así, no puede evitar fijarse en Adara. Y respetarla. Pero sobre todo, verla, ya que como buen capitán, lee las jugadas y a las personas que están implicadas en ellas con cierta facilidad. Lo cual es justo lo que ella necesita... a pesar de que protesta una y otra y otra vez.

Por eso, la química, los piques y las conversaciones han sido fluidas y muy interesantes. Más porque aprovechan el hecho de conocerse de antemano. Pero sobre todo, es una relación sólida. No basada en grandes demostraciones de amor o gestos. Sino a base de cotidianeidad, elocuencia y apoyo. Muy buena base, si me permiten decir. Y por eso, creo que este par me han gustado tanto.

Y sobre todo, porque ambos ponen de relieve también un mensaje muy importante; y ese no es otro que la vida es el partido más importante de nuestras vidas. Y es único. Por eso, a pesar de las dificultades que nos pueden salir a lo largo del encuentro... hay que caerse, levantarse, pero nunca rendirse y pensar que no salimos a otra cosa que no sea el ganar.

Porque el resultado final es nuestra felicidad. De ahí que sí, siempre tenemos que buscar al mejor compañero de equipo para que así, conquistemos la victoria.

Nada sucio entre este par, al contrario, bien limpios y bonitos.

Por eso, os lo recomiendo muchísimo.

¡Muchas gracias por el envío del ejemplar!

¡Nos leemos pronto!


 

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